domingo 31 de octubre de 2010

¡Todo sea por la bebé!

Ayer volví a tener una tercera parálisis del sueño. Estoy pensando en crear una categoría de esto en el blog para futuras experiencias de estas.

Me encontraba en el cuarto de mi madre, en su cama, cuidando a mi sobrina. Ya tengo sobrina, solo que aún no lo he contado en ningún otro blog que recuerde. Mi madre había ido a cobrarles productos de Avon o Stanhome a unas señoras en las Arboledas si bien recuerdo y me dejó en cargada a la niña. A la hora y media de haberse ido y de yo haberle dado a mi sobrina Princesa su mamila, algunos consuelos para los cortos de tiempo que le daba por llorar, terminé aburrido. Tanto estar recostado en la cama para vigilarla había hecho que me dé sueño.

Pude mi cabeza en la cobija doblada que era más cómoda que una almohada y acomodé mi cuerpo en una posición tan cómoda que quedé relajado inmediatamente. Tenía un poco de sueño así que cerraba los ojos.

Cada poco tiempo alzaba la cabeza para ver si la bebé no tenía reflujos y había vomitado su leche, o solo para ver que estuviera bien. Entre cabeceo y cabeceo quedé casi dormido.

Estaba tendido en la cama, sentía el sueño venir, mis ojos se cerraron y se abrían un poco lentamente para mantenerme despierto, hasta que inició el proceso de sueño, pero con una salvedad: mis ojos no se terminaron de cerrar.

Me sentía ya apunto de dormir, sentía cómo mi cuerpo se iba relajando más, y más, y más hasta que entró en estado de resignación para dormir un rato, pero yo no quería descuidar a la bebé, aunque no había presentado ningún problema. Mis ojos, casi cerrados, o mejor dicho, apenas abiertos, venían el reloj de la sala, que estaba arriba del refrigerador. Quería ver la hora supongo.

Intenté levantarme pero mi cerebro me dijo que no. No sé cuál fue la reacción científica verdadera pero yo no sentía que fuera física; más bien sentí una sensación de pararme a ver a la niña, pero mi cerebro me dijo "nahh, duérmete". Le insistí 2 veces más a mi fuerza de voluntad para levantarme y en ambas me dijo que ambos estábamos mejor dormidos, descansando.

Pensé que todo se remontaba a la flojera: ya estaba muy relajado y con un sueño de los mortales que hacen que los párpados parezcan estar hechos de plomo, no quería levantarme.

Después, haciendo un uso fuerte de mi fuerza de voluntad, me dije: "¡No!, ¡tengo que pararme!" para ver a la niña. Luego hice lo que se debía hacer para pararse: desearlo y comenzar a hacerlo, pero no sucedió nada. Me culpé a mí mismo atribuyéndome una flojera que superaba mi sentido de responsabilidad.

Hice otros intentos de levantarme, todos y cada uno infructuosos. Recuerdo que terminé de cerrar los ojos y usé una fuerza de voluntad para incorporarme y ver a la bebé, pero no ocurrió nada. Cuando digo "nada" en verdad quiero decir NADA: primero, la fuerza de voluntad no tuvo nada qué vencer, porque ya no sentía flojera, ahora sí quería levantarme, tampoco hubo fuerza muscular en ninguna parte de mi cuerpo, no sé ni cómo cerré los ojos, eran una de esas pequeñas partes que quedan móviles durante las parálisis. Sólo sentí eso alrededor de todo mi cuerpo: la pura fuerza de voluntad.

Hice 2 intentos más de pararme pero no hicieron más que avisarme y confirmarme respectivamente, que me encontraba paralizado. De alguna manera mis ojos se abrieron casi totalmente, mostrando sueño seguramente. Ya no veía al reloj, sino al techo del cuarto. Recordé lo de la parálisis del sueño.

Creo que esto de saber lo que es la parálisis siempre le quitó la emoción a las experiencias; aunque aumentaba la seguridad que sentía, nada me emocionaba tanto. Comencé a hacer intentos más certeros de vencerla.

Lo primero que hice fue descubrir qué partes de mi cuerpo podía mover. Los ojos parecían no moverse a voluntad al final, porque no pude hacer nada con ellos, quizá cerrarlos con mucho trabajo.

Sonreí viendo que tenía parálisis del sueño; puede que saber lo que tenía lo hiciera menos divertido, pero aún así, ¿cada cuánto uno tiene estas experiencias? era emocionante para mí darme cuenta de que mi cuerpo estaba pasando por un proceso natural, y que ni todas mis palabras ni mi fuerza de voluntad bastaban para hacer mover mis músculos.

Sonreí en mi mente, mejor dicho, porque no sentía una sonrisa en mi rostro, pero sí sentía cambios, así que comencé a sonreír y dejar de sonreír cada ciertos segundos para ver qué era lo que cambiaba y descubrí dos cosas:

La número uno, cuando sonreía, me sentía más relajado: sentía la boca y la cara en la misma posición, pero no sentía que estuviera igual en ambas estancias. Cuando sonreía sentía los músculos faciales relajados y suaves, sin ninguna presión entre ellos, y cuando me ponía serio, sentía los músculos consumiendo pequeñas cantidades de energía y un toque más duro en mi cara.

La segunda cosa que noté fue un movimiento facial: un leve y casi imperceptible movimiento en una de mis cejas: la parte de la ceja derecha que estaba cerca de la nariz hacía un pequeño cambio cuando pasaba de serio a sonriente, se alzaba un poco cuando intentaba esbozar una sonrisa.

Seguí explorando mi cuerpo para ver qué partes estaban aún bajo mi control. Cerré mis ojos, no sé cómo pero debió ser con mucho trabajo porque no me respondían: no podía parpadear mi abrirlos o cerrarlos a voluntad; una vez que estuvieron cerrados proseguí con la respiración: podía controlar mi respiración... pero no mi nariz ni los músculos cercanos. No pude hacer respiraciones profundas y prolongadas pero sí podía hacer pequeñas y aceleradas respiraciones por el estómago: mientras lo practicaba, como niño cansado de jugar, sentía mi estómago inflarse y desinflarse rápidamente por el aire.

Después de eso fue un dedo de la mano derecha, no recuerdo si fue el índice o el cordial, pero la punta de uno de ellos tenía como 2 o 3 milímetros de libertad. Luego la punta de un pie, no recuerdo si el izquierdo o el derecho, o el pulgar o el índice, entre esos 4 estuvo, sentía cambios físicos cuando lo intentaba, casi imperceptibles como todo pero reales.

A propósito del título, mientras ocurría todo eso, me decía a mí mismo que debía salir de esa parálisis. En el fondo deseaba quedarme un rato y disfrutar de ese raro suceso, pero moralmente no quería permitirme descuidarla ni un instante. Había bebido abundante leche y a veces, cuando bebe mucha, después de un tiempo sufre reflujos y comienza a vomitar la leche; ella se desespera porque la leche le sale por la boca y por la nariz y no puede respirar. Si algo como eso llegara a ocurrir durante la parálisis del sueño, ¿cuánto tiempo tardaría en retomar el control de mi cuerpo para limpiarla y ponerla boca abajo? Si quería tener una parálisis y disfrutarla, debía ser en otra ocasión.

Con el paso muchos segundos de ejercicio con mi cuerpo, moviendo todas las pequeñas partes que podía, fui recobrando el control. Debieron ser un par de minutos. Luego sentí el golpe de victoria: pude sentir cómo mis músculos iban volviendo a la normalidad, como guerreros caídos en batalla que eran resucitados por poderes para dar la mejor pelea. El sueño que tenía en un principio también volvió de golpe y volví a sentir los párpados hechos de láminas de plomo: quería dormir profundamente de nuevo.

Ambos brazos se movieron y comencé a doblarme. Ahora las ganas de quedarme tumbado en el suelo eran deseos, pero pensé en la bebé y en todo el trabajo que me había costado salir de la parálisis y alcé mi cuerpo para verla:

Se encontraba bien.

El perfecto desenlace de una película Norrteamerrikana.

Me volví a dejar caer pero nunca dormí, no quería perderla de vista; me sentía orgulloso de mí mismo por las decisiones que había tomado y lo que había logrado, veía a esa bebé tan bonita durmiendo y haciendo algún movimiento de vez en vez, que con eso bastó para quedarme aburrido otro rato más en lo que llegaba mi madre.

0 comentarios:

Publicar un comentario