Soñé otras cosas más, era un sueño de cadena de eventos varios, pero interconectados.
Estaba en un lugar grande, ¿era un salón?, no lo sé. Pero era un recinto: ideas revueltas de las clases jugables de World of Warcraft: druidas, paladnes, magos, etc. No sé por qué ni a qué venía eso, pero así era. De vez en cuando sonaban canciones.
Había unos ritualistas, dos hermanos, que nos propusieron hacer un conjuro para que en intervalos iguales de tiempo sonara una canción para cada clase jugable, les dijimos que no.
Por lo que sé, eran ritualistas jóvenes que practicaban alguna clase de hechicería o magia negra, proveniente quizá del África, como el Vudú.
No recuerdo qué más pasó, porque fueron varios eventos, pero pasamos al más reciente...
"Las vacaciones ya comenzaron, y queremos que mi hermana vuelva a casa para estar con nosotros un tiempo".
Es el pensamiento que tuvimos aquí en la realidad y también en el sueño, aunque con significados distintos.
Mi mamá dijo que sería bueno traerla un poco, solo un corto tiempo para que nos acompañara y después se fuera otra vez, cosa que aquí también se aplica.
Ella no me lo dijo pero yo lo sabía: aún la extrañaba. Hacía poco tiempo todavía de la pérdida y yo sabía que ella aún la lloraba.
Mi hermana era de esas muchachas alegres, que cuando llegaban a un lugar todo lo cambiaban, hacía que hubiera ruido en la casa, conversaciones más amenas y un ruido hogareño que toda familia desearía tener; eso lo sabía ella y por eso, y porque era su hija, tenía razones para seguir llorando y ansiar que ella estuviera tan solo UN poco más de tiempo aquí. Será de esos casos en que la persona desea que la otra persona amada regresara solo para despedirse mejor.
Ella (mi madre) tenía un teléfono anotado en un pequeño pedazo de papel, el trozo de hoja era pequeño, arrugado y apenas cabía el teléfono, anotado con tinta negra y bien atesorado. No recuerdo si me mandó a buscarlo o fue ella por él, pero sí me acuerdo que ambos sabíamos dónde estaba, y debo confesar que cuando me levanté, incluso ahora, me gustaría acordarme solo para ir y cerciorarme de que no esté.d
Era un teléfono celular (un móvil), recuerdo que tenía un 5 y un 4 por las primeras posiciones y algunos 1's; no me acuerdo del número completo.
La promoción se había emitido por la tele si mal no recuerdo, uno de esos comerciales que pasan poco pero con animosidad, como si vendieran algo divertido.
Eran dos hermanos, no sé si serían socios o amigos, pero yo intuí la palabra "hermanos" en su ser. Eran unos chicos del tipo de los de Supernatural, es posible que esa haya sido su raíz en mi mente, pero no estoy seguro realmente, ya que ni siquiera veo esa serie como para considerarme influenciado por ella. Se trataba de los mismos chicos del lapso de eventos pasados, que cobraban protagonismo aquí también: los ritualistas.
Los hermanos salían juntos en el comercial, uno cerca del otro, alegando de forma un poco divertida que ellos "podían traerte a tu ser querido un tiempo para estar contigo". Yo soy alguien frío para muchas cuestiones, sobre todo estas, pero la naturalidad y la diversión con que lo decían era espantoso, como si las almas fueran de ellos, sus esclavos todos, y ellos traficaban con ellas ante el público, como la prostitución infantil sin máscaras al público.
En realidad el comercial nunca lo vi, solo narro los recuerdos que yo traía impresos en mi mente cuando estábamos solos en silencio en la casa tomando la decisión, tenía el conocimiento de ello y mi madre también había oído el comercial.
Era de noche, todo el tiempo fue de noche, pero no había cielo nocturno porque siempre estuvimos adentro de la casa; fue la luz encendida del comedor y la negrura total que entraba por la ventana lo que me hizo concluir que ya había caído aplastante la noche.
Mientras la pequeña charla sobre la idea de traerla, mi madre comentó con un tono despreocupado:
-Si eso es poco tiempo, es una cosa de unos 6 meses, o unos días nada más.
Noté por su tono de voz y la forma relajada en que lo decía que no veía de la misma forma que yo el hecho de que trajéramos a alguien desde la muerte, pero de igual forma accedí, más bien por ella que por mí.
Llamamos al teléfono, y sin operadoras e intermediarios en la línea, nos atendieron ellos mismos directamente, no recuerdo si fue un "¿qué tal?" o algo así como respondieron, pero su tono era como cuando le hablas a un amigo y por lo tanto te contesta de una forma receptiva, relajada y jovial; por más que sean viejos, los buenos amigos siempre se responden de forma jovial, parece ser que la amistad le brinda algo de juventud a la vida.
Yo hablé con ellos, mi madre me había encomendado a mí hacer la llamada; y por más relajado y amigable que fuera su tono de voz, ellos hablaban en serio y sin rodeos. Tampoco recuerdo bien las palabras que usaron, pero dijeron que debíamos hacer EXACTAMENTE lo que ellos decían y como lo decían, hicieron hincapié en que no debíamos saltarnos NADA ni desobedecer alguna de sus reglas. Funcionaba así:
Teníamos que estar en la línea con ellos, mientras hacían un "llamado".
Después de que terminara El Llamado, ambos teníamos que colgar, y nosotros debíamos ALEJARNOS un poco de "la fuente" donde habíamos pedido que se concibiera el ritual.
Debíamos ponernos en un lugar donde La Fuente no estuviera a la vista, y no solo eso, sino que tampoco la debíamos ver, o voltear a ver a la dirección donde quedaba La Fuente.
Cuando el ritual concluyera, no debíamos TOCAR, PARA NADA al miembro recién traído; debíamos esperar a que concluyera bien el proceso y dejar pasar un poco de tiempo antes de entrar en calor con él.
NO debíamos desobedecer ninguno de esos mandatos, porque podían ocurrir cosas inesperadas que podían tener repercusión en el ser que invocábamos.
Confieso que desde que mi madre tuvo la idea, y en todo momento hasta el final, estuve atemorizado. No era un miedo de esos que se evidencian en uno con temblores u ojos muy abiertos, pero sí, por dentro, sentía el corazón latir un poco más rápido y de manera muy profunda. La idea de traer a un muerto desde la tumba, a la vida otra vez, era algo que me hacía un hueco enorme en el estómago. Lo he visto en muchas películas y caricaturas, pero era consciente de que allí no era real, y aquí sí. ¿Qué pasaría, cómo sería? No tuve tiempo de preguntarles esas dudas a los chicos, porque el ritual estaba por comenzar.
Ellos comenzaron a hacer la plegaria mientras yo los oía por teléfono (no recuerdo muy bien, pero me parece que mi madre no los escuchaba, y aclaro, que aunque solo yo tuviera el teléfono en la oreja, en los sueños pasan muchas cosas como reflejo del entendimiento), la plegaria, o "El Llamado" mejor dicho, eran como el ruego de "Conjure of Sacrifice" de Papa Justify a El Señor (su Señor) de la película de la Llave Maestra (The Skeleton Key):
Tuve la visión de esos dos chicos, uno cerca del otro, como siempre, pero algo contorsionados: tenían sus cabezas y sus cuellos echados para atrás, como si se les hubiera quebrado la traquea y sus cuellos estuvieran colgando un poco, sostenidos por los músculos, pero ellos no estaban acostados, sino de pie. Para comprender su posición, basta echar la cabeza lo más atrás que se pueda, sin mover el resto del cuerpo, solo doblando el cuello. Ellos hacían fuerza en esa posición, pude ver sus venas algo inflamadas y los músculos de sus cuellos más delineados. Uno tenía los ojos abiertos y el otro cerrados, sus manos estaban pegadas a su torso y haciendo fuerza también, como si les hubiera dado un fuerte ataque de artritis. Ambos emitían un sonido prolongado, constante e ininterrumpido:
"¡¡¡ MMMMMMMMMMMMMMMM !!!"
Era más aterrador de lo básico y simple que pudiera parecer: dos voces graves y masculinas, una cerca de la otra, produciendo el sonido vibrante de una M es más inquietante cuando se está para oírlo de lo que se pudiera imaginar.
Solo tuve la imagen en mi sentido de la percepción, mas nunca los vi realmente.
Cuando el Llamado terminó, sin dejar pasar un segundo o una palabra más, colgaron y yo inmediatamente colgué. Nuestra Fuente había sido el lugar donde están nuestros garrafones de agua, junto a la ventana llena de oscuridad.
Apenas noté que la llamada había sido concluida, rápidamente tomé a mi madre:
-¡Ven, ven!
Nos fuimos al lavabo y volteamos en dirección al baño, agachamos las miradas también y esperamos impacientes como ratas que se acongojan esperando su muerte.
Luego pudimos ver el resplandor de una luz azul puro, era un azul del color de los rayos: el destello era color cian o quizá azul rey (o ambos) y en la parte céntrica era tan intenso que se tornaba blanco. Un portal se estaba abriendo, nos dimos cuenta porque la luz rápidamente se hacía más intensa, agrandándose un poco.(La imagen de la izquierda se asemeja mucho al portal, salvo que el verdadero portal tenía más intensidad: los azules eran más brillantes y el concentrado blanco de alta energía era más abundante).
No lo pudimos ver, pero sí AMBOS pudimos sentir cómo un ser, una entidad, salía de ese portal: lo sentimos asomarse, despertando, e inconsciente de lo que estaba pasando a su alrededor.
-¡Hijo, hijo, ¿qué es eso?!
Me lo dijo desesperada y llena de miedo, yo también estaba así. Rápidamente volteamos a ver qué era lo que estaba ocurriendo y vimos el portal: era pequeño, de unos 30 centímetros de alto, y no tenía forma de puerta, sino que era circular e informe, una masa de luz y energías muy concentradas.
El ser estaba a medio salir, y por sus movimientos se veía que tenía que hacer un esfuerzo para escapar de donde estaba. Era una perra negra, pequeña y de la raza más directa de los lobos, con hocico afilado y orejas puntiagudas, era un poco más pequeña que el portal, y no era totalmente negra, tenía un collar y las patas de un color café oscuro.
Mi madre y yo quedamos perplejos y horrorizados, puse la palma de mi mano derecha en su espalda para consolarla, se estaba poniendo muy mal. La perra terminó de salir y el portal desapareció; mi madre estaba apunto de llorar y la tuve que sujetar de los brazos o de por abajo de las axilas (no recuerdo) porque se quería dejar caer al suelo del golpe tan fuerte que había recibido.
-¡No, NO... ¡Hija!!
-Sshh, ya, ya, cálmate... -la intentaba consolar, aunque sin mucho éxito porque yo estaba igual de impactado.
Me acerqué a tocar a la criatura rozándola con los dedos, porque parecía no incorporarse.
La perra estaba encima de la mesa, no sé si mi madre la subió, no me di cuenta cómo llegó allí. No podía creer que todo esto estuviera pasando. Hice una pequeña prueba: miré a la perra y le dije con claridad y cuidado:
-Esmeralda, si eres tú, levanta las dos patas -al tanto que decía eso, yo levantaba mis manos sin alzar las palmas, levantando las muñecas hasta la altura de mi mentón, indicándole cómo debía hacer.
La perra alzó las manos a mi mismo ritmo después de que le hice la pregunta, y ahí concluí que sí se trataba de mi hermana, que pudo entenderme. Un sentimiento de frustración recorrió todo mi cuerpo.
-Levanta las dos patas si te gusta el estado en el que estás -le hice otra pregunta.
Ella levantó las patas delanteras, afirmando. Esta vez no era capaz de encontrar el humor en la situación.
Hubo después un paréntesis de eventos, no recuerdo bien qué es lo que ocurría, pero seguíamos todos ahí. No sé qué pasó, está revuelto todo en mi cabeza, pero cuando cerró el paréntesis, mi madre estaba sentada en la sala, en un sofá, y mi hermana en otro sofá para 2.
Yo estaba llegando a la sala para incorporarme, todavía mal, y no me esperé lo que vi: mi hermana estaba ya con forma humana.
No sé qué pasó, porque no lo vi, pero cuando llegué ella ya se encontraba como la última vez que la vimos: su cabello largo, su cuerpo normal, vestida con ropa que ella había comprado. Noté un detalle: su frente no era normal, la parte superior era más amplia y se veía hinchada, como su hubiera sufrido una deformidad antes de nacer. Hay ciertas personas que tienen una frente de este tipo: más amplia y con la parte superior abultada, la de mi hermana era así, pero con más hinchazón. Supuse que apenas estaba terminando su transformación a ser humano. Nunca lo llegué a saber.
Estábamos conversando; se trataba de una conversación introductoria, la que tendrías con un ser querido que acabas de traer de ultratumba. Yo seguía con algunos escalofríos internos, porque la que estaba ahí era mi hermana: no era una copia, ni un clon, ni un fantasma, era ella, con su misma ropa, sus mismas ideas, sus mismos recuerdos, su misma idiosincrasia.
De alguna manera yo sabía que incluso su cuerpo era el mismo que habíamos enterrado. Fueron tres presencias las que pude percibir: la primera es la que describo cuando se habló el portal: una criatura, una entidad que intentaba escapar de la tierra de la muerte, y aunque no pude ver nada porque en ese entonces estaba por el lavabo con mi madre, la sentí arrastrarse, reptando entre una dimensión y otra. La segunda presencia era la de aquella perra negra, y la tercera, era mi hermana, ya casi finalizada su transformación (¿o es que ya había finalizado?); el escalofrío que seguía en mi mente era porque el cuerpo de mi hermana allí presente, era el mismo que enterramos, yo lo sabía, no había visto nada antes ni hubo nada que me lo dijera, pero sabía que cada célula de su piel y cada parte de su cuerpo no habían sido reconstruidos de la nada, sino eran los mismos que fueron a parar a la tierra tiempo atrás.
Mi madre se encontraba ahora muy feliz, tenía una sonrisa resplandeciente y se veía iluminada por tener otra vez la presencia de su hija. Yo la veía (a mi hermana), y ella me volteó a ver; mientras me miraba sonreía, supongo que por la conversación, pero noté que su mirada sonriente no era la misma que yo conocía. Sus ojos se veían muy negros y profundos, como si no tuvieran fin, había algo en su expresión sonriente que era sobrenatural, como si fuera una entidad riéndose, tratando de imitar a mi hermana, aunque yo sabía que no era así. Solo fue un segundo a lo mucho que nuestras miradas chocaran, pero me sentí inquieto ante su nuevo semblante, su nueva expresión.
Me fui a sentar al lado de ella, en el sofá de 2, y ella y mi madre reían y comentaban.
Yo quería preguntarle a mi hermana cómo era volver de la muerte, lo que había sentido al morir y al incorporarse de nuevo al mundo de los vivos.
Desde mi perspectiva de ateo, después de la muerte no hay nada, ni cielo ni infierno, solo se apaga el cerebro. Percibí que mi madre quería preguntarle cómo eran el cielo y el infierno, y cómo se sentía estar allá; yo también tuve en mente esa pregunta, para destapar de una vez por todas que no había nada, pero vi a mi madre, viviendo una vida de creencia en Dios, y no quise hacer que se sintiera defraudada, no si Dios fue su impulso siempre para seguir adelante; la situación me pudo más y mantuve la boca cerrada con respecto a cualquier tema que involucrara su estancia entre los muertos.
Mi madre le hizo una pregunta de ese estilo, no recuerdo con exactitud cuál, pero mi hermana solo respondió con una risa despreocupada.
Yo le pregunté sobre su hijo, porque antes de morir, ella había quedado embarazada; no le pregunté si el feto estaba muerto o si también había revivido, no quería traer esa conversación entre la alegría, solo le pregunté sobre su bebé y, tocándose su aún invisible panza, dijo que "bien".
No sé cómo fue todo esto para con mi madre, pero para mí era una situación muy inquietante: no se trataba de estar con un familiar con el que charlas y no sabes cuándo va a morir ni lo deseas, se trataba de estar con mi hermana y su hija, vuelta de entre los muertos un tiempo, y sabiendo que dentro de poco se iba a morir, se iría de nuevo, quizá para nunca volver. Nuestro comportamiento fue igual que en el libro de Kafka, de La Metamorfosis: ante una realidad súbita y bizarra, la única respuesta de los mortales fue la aceptación.
En algún momento de toda esa charla desperté, sin ver el desenlace de todo eso. A pesar de que era ya de día (8:40 am) tenía miedo. Me encontraba muy receptivo, como otras veces, y cada leve sonido o sombra en la casa provocaban una corriente helada en mi torrente sanguíneo.
Sin hacer ningún movimiento esperé, como si hubiera alguien, a que el más mínimo error lo delatara, luego apagué el ventilador y revisé la casa: la sala, el comedor, la cocina, el otro cuarto, miré abajo de ambas camas con temor. Me recosté en el sofá de 3 de la sala a ver la hora y seguir registrando movimientos, estuve 20 minutos allí hasta que salí a ver cómo estaba mi perrita, Canela, si se encontraba bien, ya que era del mismo tamaño que la de la pesadilla, pero color canela y de otra raza. Estaba bien.
Mi hermana por suerte no está muerta, solo está estudiando la universidad en San José, Guanajuato, y vendrá estas vacaciones; ella está embarazada y no la hemos visto desde las últimas vacaciones de semana santa en abril; cuando venga mi madre estará muy contenta de tener a su hija de nuevo, y no será la frente lo que traiga más hinchada.
Recuerdo que ayer en la noche acaricié por primera vez a uno de los perritos chiquitos que tuvo mi perrita Canela, fue hace 4 días, el 1 de Julio, cuando dio a luz a los 3, y yo me prohibí tocarlos porque son muy pequeños y tan susceptibles a enfermarse que no quería pasarles ninguna bacteria, su mamá se encarga de limpiarlos cada tanto con su lengua. Pensé que tocarlos o exponerlos a las bacterias podían tener un efecto inesperado en ese ser que acababa de ser traído al mundo de los vivos. Sin embargo cuando lo toqué se sentía tan, pero tan suave, que solo sentí ternura por esa criatura.
También recuerdo que mi madre habló ayer de Tijuana, donde fue de viaje, para avisar que habían llegado bien; el teléfono estaba sin batería así que se cortaba la comunicación, llamó como 3 veces pero ambos perdíamos contacto por teléfono en cualquier segundo y sin tiempo para pronunciar una palabra más. Solo recuerdo que el número tenía un 4 y un 5, y algunos 1's, pero no tuve tiempo ni de ver eso; hoy que revisé la lista de llamadas vi que el celular (móvil) terminaba en -4151.
Antier pasé un momento de vergüenza terrible en un autobús, que más que avergonzado, me dejó frustrado y con una sensación de querer volver el tiempo atrás solo para no hacerlo; no hablaré de él, pero justamente anoche antes de dormir estaba pensando en que ese tipo de cosas se suelen licuar en el cerebro para terminar en forma de pesadillas, y me preguntaba si me iba a pasar esta vez.
Comencé a escribir acá, siempre cuidando mis espaldas. Me gusta esa sensación de miedo que solo las pesadillas suelen provocarme, es todo un reto dominarlas, hasta ahora las sugestiones han podido más.


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