domingo 13 de junio de 2010

Atentados terroristas contra la Iglesia Católica

Al igual que muchas otras veces, también fueron muchos los sueños que tuve hoy: secuelas de hechos que han ocurrido e interpretaciones de otros que están ocurriendo.

Me fui a dormir temprano, antes de las 11:00 más o menos, que para mí es muy temprano. Me levanté a las 2:00 de la mañana (exactamente, vi el reloj) porque no podía dormir, me sentía harto, como cuando uno está enfermo y la pasa en cama todo el día, aburrido de sentir el colchón y, en mi caso, el ventilador también; busqué un vaso chico, abrí el refrigerador y me tomé 3 vasos de agua fría, luego volví a intentar dormir.

Cuando menos lo esperaba, en medio de esas tinieblas en que vivimos cuando cerramos los ojos, ya estaba soñando.

Fueron unos 2 o quizá 3 sueños, pero fueron de secuela larga, de esos que se pueden dividir en "subsueños" porque una parte conduce otra y forman una historia compleja.

En el primero era casi siempre de noche, y representaba un final: el día que inevitablemente se fue volviendo noche, hasta que me encontraba en medio de esa oscuridad alumbrado por no sé qué luz. Al igual que otros compañeros, estábamos por asistir a un examen final, creo que de química, muy importante.

Por muchas razones me agarró la noche buscando el salón, consiguiendo una copia de no sé qué, y al final no recuerdo si hice el examen.

El sentimiento que se desarrolló en la historia fue:

"No sé qué tantas cosas me ocurrieron en el día (en mi vida), pero ya me ha agarrado la noche.

La oscuridad ha caído sobre mí, y tengo que hacer ahora lo que debí haber hecho en el día, cuando ya todos se dedican a dormir.

Estoy desesperado y con ansiedad, porque no puedo reunir los requisitos para ese examen, y tampoco sé cómo hacerlo. Francamente no sé qué será de mí."


Como se puede ver, es un sentimiento de irresponsabilidad, de aplazar las cosas y dedicarse a vivir como la cigarra, cantando durante el verano.


Hubo otro sueño, que tenía que ver con un centro comercial, y que utilizaba una plantilla de sentimientos muy similar a la anterior, pero no lo recuerdo mucho y tampoco es que importe, aunque en el fondo me gustaría acordarme.


La segunda secuela de sueños, que de hecho es la que involucra lo del centro comercial, estuvo relacionada con la llegada del terrorismo islámico... ¡a mis calles!

Me encontraba sentado en la parte media de un urbano (un colectivo) en la calle 7 de mi colonia; seguramente iría al centro comercial o a algún sitio oníricamente relacionado.

No sé si se subieron después o si es que no los había visto, pero en algún punto de la calle 7 me percaté de que en la parte de atrás, donde está el asiento largo, se oían unos sonidos de movimiento y de personas por hacer algo (sí, esos sonidos en específico los podemos sentir en la realidad). Volteé y vi a 3 hombres con mirada de planeación, vi que sus rasgos no eran de aquí...

...sin embargo tampoco eran de Medio Oriente. Sabemos cuáles son los rasgos básicos de un hombre de territorio medio-oriental: tez morena alta, ojos negros, nariz con forma redondeada y abundante barba negra (o blanca). Pero estos no tenían esos rasgos, sino todo lo contrario, tenían rasgos más claros: su tez era clara, o al menos sería morena clara, no tenían barba y, de hecho, su aspecto era occidental. Uno de ellos era un viejo de unos 70 años, pero con energías, y aspecto estadounidense: tez rosada, cabello blanco y sin barba.

Al momento de verlos lo presentí y me apresuré a pedirle lo más rápido que pude la bajada al chofer. Me paré y mientras iba apurado corriendo por el pasillo seguía escuchando esos ruidos de planeación, de movimiento constante cuando deberían estar sentados. El carro no iba totalmente lleno (sobraban unos 3 lugares libres) así que el pasillo estaría libre.

Apenas se iba abriendo la puerta del carro, me apresuré a salir de él y correr lo más lejos que pude del carro: pisé acera, y luego pasto.

Hay que decir que la ubicaciones estuvieron incorrectas en el sueño, puesto que ahí, el carro se había detenido en una parte de la calle 7 donde hay condominios y un césped que les sirve de patio, de su propiedad, pero con lo que contaré después, hay una anormalidad. Maldigo no tener una cámara porque es difícil explicarlo con la precisión que un relato requiere.

Ok, aún así hice un croquis en paint y busqué la ubicación en Google Maps:



Manchas verde oscuro: arbustos o enramadas que estaban por ahí.
Cuadrados blancos: condominios blancos.
Verde: césped, patio de los condominios.



La parte señalada en rojo en el mapa es la parte que dibujé en Paint. Aclaro que en paint está dibujada a la inversa, es decir, el norte está puesto abajo y el sur arriba, es que siempre lo visualizo así en mi mente. Para ubicarnos mejor: en el mapa, dentro del rectángulo rojo, está una mancha color naranja que muestra la ubicación en que se detuvo el carro, comparen su ubicación ahí y en el croquis para que vean cómo está la orientación.

El punto es que después de salir del carro y poner los pies en la acera, seguí corriendo en dirección a los arbustos.

Hay que decir que el césped está un poco empinado: al estar en la acera, hay que subir una leve pendiente para llegar a los condominios: nada significativo, como poco más de 2 metros de empinadura, es decir, poco más que la estatura de la mayoría de la gente.

Después de que crucé la acera y me dirigía a los arbustos (unos 3 metros de separación) volteé a ver cómo estaban las cosas: si el carro se había puesto en marcha, si los terroristas me estaban siguiendo o si la gente había notado mi desesperación y estaría viéndome por las ventanas, pero ninguna de esas cosas se dio a acontecer.

Entre los tropezones que había provocado mi nerviosismo y mi ansiedad por alejarme, pude voltear en el momento justo para ver cómo el carro hacía explosión: la masa de lumbre espesa salía de entre las ventanas, pero con mayor fuerza desde las traseras, rompiendo los cristales y haciendo que el carro trastabille un poco sobre sí, como si se le hubiera ponchado una llanta.

Seguí corriendo a los arbustos, pero ahora las piernas no me respondían, se habían vuelto inútiles, como en los otros sueños que a veces tenemos, en los que por más empeño que pongamos, corremos en cámara lenta y dando zancadas. Así iba yo, sintiendo entumecimiento en ellas y avanzando muy despacio, solo quería llegar a los arbustos para esconderme y ver si tenía que seguir corriendo o quedarme ahí.

En la lentitud a la que me dirigía a los arbustos, comencé a pensar: la explosión no se vio muy real, es decir, la bola de lumbre característica de esas detonaciones, había tenido la fuerza suficiente para romper los cristales del carro como si estuvieran hechos de hielo, pero había algo raro en esa explosión.

Normalmente, cuando vemos o sabemos de una explosión terrorista, nos damos cuenta de que el vehículo queda totalmente calcinado, pero este autobús aún conservaba su forma, y sí, había sufrido desperfectos, pero nada comparable a como debería estar.

Las llamas y el humo deberían ser abundantes y subir a lo alto, pero aquí apenas y salía humo, la explosión parecía más un accidente de combustible que una detonación terrorista.

Cerré los ojos y con el sexto sentido que poseo en los sueños, pude ver lo que estaba ocurriendo ahora dentro del carro, desde la perspectiva delantera, donde se pone uno cuando está pagando el colectivo: las personas, que deberían estar desintegradas o, cuando menos, irreconocibles, ahí conservaban su figura y su ropa estaba apenas con alguna que otra quemadura.

Sí, la mayoría estaban muertos y aún recostados en sus asientos, pero algunos pasajeros de la mitad de en frente aún estaban con vida, tratando de hacer algo con las pocas fuerzas que les quedaban. Los asientos y el pasillo no estaban tan dañados como sería de esperar.

¿Qué había pasado?

Seguí dirigiendo mi mirada más atrás del carro hasta que me topé con algo que no era de esperarse: los terroristas aún estaban vivos.

Pude ver que tenían artefactos amarrados a la cintura a modo de un cinturón, pero no eran justamente explosivos. Eran unos dispositivos pequeños y con formas como bocinas, de unos 15 centímetros de un lado a otro (no vi si eran cuadrados o circulares), cada uno tenía dos: uno a su izquierda y otro a su derecha. Un terrorista activó su dispositivo y de cada uno de los aparatos salió una explosión.

Es fácil: una cosa, como una bocina de 15 centímetros de alto a la izquierda, y otra a la derecha, amarradas al cuerpo por alguna clase de cinturón; al activarlas, cada una produce una violenta explosión que sale por los lados de quien porte ese cinturón.

Así era como habían provocado esa explosión; el desastre ocurrido no era tan fuerte como reventar con varios kilos de químicos pero podría repetirse varias veces.

Sin embargo la idea no me pareció tan buena, creo que era mejor hacer las cosas bien una vez a que hacerlas débiles varias veces.


Para quienes no sepan cómo piensa un terrorista, hay que sabes que la propaganda que hacen los fundamentalistas islámicos dice algo como:

"¿Qué has hecho de importante en tu vida? Nada, solo has vivido por vivir, no has hecho algo que merezca los favores de Alá.

Debes hacer algo con tu vida si quieres ganarte el cielo, ayúdanos con nuestra campaña contra los impuros, así habrás dejado tu huella en la vida y Alá te estará esperando del otro lado.


En realidad son muchos los mensajes de propaganda que distribuyen, pero algunos de ellos se basan en esta filosofía, convencen a los nuevos reclutas de que estos actos son una buena manera de continuar la lucha contra los impuros y los entrenan mentalmente para este momento: les anulan los sentimientos de conciencia social, haciendo que vean a la gente sin sentir humanidad y hacen que sientan gloria por lo que están haciendo.


Al ver este nuevo dispositivo, asumí que era una nueva estrategia por parte de los musulmanes: ya que tenían a muchos fieles apegados a la causa, consideraron que era un desperdicio que murieran en un solo ataque, y era mejor que sobreviviera la mayor cantidad de fieles para seguir perpetrando más ataques.

Un terrorista avanzó hacia la parte frontal del colectivo y activó sus extraños dispositivos, haciendo explotar la parte delantera del carro y quitándole la vida a quienes quedaban. Otro terrorista se apresuró a generar otra explosión en el carro para asegurarse de que no quedara nada con vida, y finalmente, el tercer terrorista se aproximó al medio, giró un poco en dirección a la puerta e hizo otra detonación. Pero la posición en que estaba no era nada favorable: el dispositivo de la derecha apuntaba al terrorista que se encontraba atrás y el de la izquierda, al que estaba por la parte de en frente; el activarlos provocó la muerte instantánea de sus dos compañeros.

Sin embargo sabía que en la mente de aquel sujeto no había culpa, pues acorde a sus creencias, sus dos amigos se encontraban ya gozando del paraíso de Alá.

Ya no quedaba nadie con vida en el carro, todos esos acontecimientos ocurrieron sin lapsos de descanso, para cuando el sobreviviente se percató de que no había nadie, salió fuera del carro y comenzó a caminar en dirección a los arbustos.

Yo no sentía que viniera por mí, pues no me veía a la cara, parecía más bien que iba ahí por alejarse, o por buscar más víctimas, no sé. Dado que no podía salir de esos arbustos que eran como enramadas de algo, fui girando en dirección opuesta a donde él estaba, para que no me viera, pero como no eran arbustos de esos espesos, sino más bien montones de ramas secas con unas pocas hojas, terminó viéndome y dirigiéndose hacia mí para terminar por completo el trabajo.

No sé cómo le hice, pero avancé lo más rápido que mis piernas entumecidas y mi cámara lenta me permitieron y logré esconderme no sé en qué parte inexistente en la realidad. El terrorista, al perderme de vista, siguió caminando no sé si para buscarme o para buscar a alguien más.

Desde donde estaba escondido, pode ver cómo abandonaba la zona de los arbustos e iba a un estacionamiento que está al lado del césped; en la foto de Google Maps se puede ver, a la derecha del rectángulo rojo, un espacio pavimentado delimitado por el andador "Pomela", la calle 7 y el andador Limones, justo arriba de otro estacionamiento ubicado más abajo, también visible.

El oriental caminó por el estacionamiento y se topó con un muchacho que circundaba mi edad, se vieron a los ojos y comenzó una disputa de miradas, retándose cada uno. El muchacho se acercó a él, buscándole pleito, quizá pensando en que era solo un hombre común (el trapo que traía en su cabeza y su ropa oriental le daban ese aspecto).

No recuerdo exactamente cuáles fueron las palabras exactas, pero al verlo, yo pensé algo como:

"Pobre chavo"
o
"Adiós, muchacho"
o
"Hasta aquí llegaste".

El muchacho se dispuso a empujar con sus brazos al islamita, pero éste se los detuvo con los suyos y activó una bomba que traía para aniquilarse a sí mismo, es decir, de las tradicionales, así que, sin soltarlo no vi cómo (solo lo supe), activó su bomba y se desató una explosión de su cintura que los desintegró a ambos.

Yo seguí corriendo para alejarme de ese lugar, apenas moviendo las piernas, que no querían responder.


Me estaba preguntando por que había pasado eso: los terroristas no se matan ni matan porque sí, siempre que cometen un atentado es en un lugar en específico y para dar un mensaje a los mandatarios; Estados Unidos son su principal amenaza, porque son el auge de todo lo que ellos consideran mundano e impuro, ¿por qué ahora habían elegido a México como su blanco, y qué era esa nueva filosofía de suicidio con que atacaron el carro?

A mi mente llegó la información. Todo el torrente de datos vino a mí como ne un segundo: imágenes de mí viendo las noticias, de las noticias en sí, mi cerebro se alimentó de reportes policíacos y demás cosas. Regresé a donde estaba y vi con detenimiento el carro: ¡no estaba donde, DE HECHO, estaba!

Estaba frente a la iglesia. En el mapa la señalo con un rectángulo azul, está sobre la misma calle 7. El carro había explotado en frente de la iglesia.

En realidad no lo había hecho, no es que yo viera mal, en efecto explotó cerca de los arbustos varios metros más allá, solo que la realidad había cambiado y yo decidí sumisamente aceptar esa nueva realidad, pues la anterior, por más verdadera que fuera, ya no existía más.

Los reportes policíacos que alimentaron mi cerebro indicaban dos posteriores accidentes terroristas en los que se había hecho explotar un carro frente a una iglesia, las 3 iglesias eran católicas: se trataba de una nueva cruzada islámica.

Maldecí a esos musulmanes fundamentalistas y a su régimen, que ahora venían a alterar nuestra paz. No podía hacer nada, así que con una frustrada resignación me limité a planear una estrategia para no morir, y me dije:

"SIEMPRE los carros después de que hayan pasado una iglesia (mi capilla en este caso), así te asegurarás de que no van a explotar por sorpresa, y NUNCA pienses en hacer la parada en una iglesia o después de esa".


Es simple: mis recorridos debían estar delimitados por iglesias: nunca subirme antes de una o bajarme después de una (o frente a una) para no correr peligro.

Tiempo después necesitaba ir a Minatitlán, así que tomé un carro; recordando mis palabras, le hice la parada después de la iglesia y subí, me senté y viajé hasta allá, pero yo necesitaba ir algo lejos.

Cuando llegamos a la parte céntrica, todo estaba abarrotado de carros y gente; no sé qué había pasado, y nunca lo supe, pero había más gente que un mercado en china con descuento del 90%. Los carros atestaban las calles y las personas ni siquiera cabían en las aceras, así que también caminaban en la calle estorbándoles a los carros, no había espacio PARA NADA.

El carro comenzó a ir más lento, yo vi un grupo de varias patrullas y agentes en una curva donde el autobús iba a doblar. En eso oí ruidos en la parte de atrás, esta vez no necesité ponerme a pesar porque ya sabía de lo que se trataba: eran ruidos de gente preparándose en el asiento largo del fondo.

Recordé que este carro iba a pasar por la iglesia del Parque Independencia, en Minatitlán. Pongo una foto de hace años, el parque ha cambiado un poco pero nada que se aleje mucho de esta foto, sin embargo la iglesia aún se conserva así:



Tranquilamente podía pedir la parada un poco antes de llegar a la iglesia y salvarme, pero por más fácil que fuera, no quería que las demás personas se quedaran en el carro, así que le hice la parada al bus nuevamente y me bajé con rapidez; esta vez los terroristas sí me vieron (me parece que eran 3 nuevamente, ni los conté) pero no hicieron nada para detenerme, solo era yo.

Corrí donde estaban los policías, que por cosas de los sueños y la mente resultaron ser Stabler y Benson:



Les informé que había unos terroristas que pensaban volar el carro frente a la iglesia y me alejé de su vista inmediatamente, pues sabía que ellos me habían seguido con la mirada desde que bajé del carro. No sé si ellos se encargarían, pues apenas y asintieron cuando les comenté, y es que ellos no pertenecen a la división anti terrorismo, así que poca fe tuve en que alguien los detuviera.

Lo último que vi en mis suelos fue a ese autobús, avanzando poco a poco entre la multitud de gente que estaba poblando las calles, lento pero sin detenerse hacia la iglesia.

Ahí fue cuando desperté o cambié de sueño, pero del destino de todos los pasajeros, el chofer y el montón de gente que seguramente se encontraría pegada al carro por la congestión cuando éste volara, son algo que nunca alcancé a ver.

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