¿Sueño o pesadilla? Creo que comenzó como uno agradable y se transformó en una.
Ocurrieron otras cosas antes pero no recuerdo casi ninguna, y tampoco creo que fueran relevantes.
Después de caminar un poco sobre alguna colonia o ciudad de cerca de donde yo vivo, vi un tren; no recuerdo si era en la estación de trenes de Coatzacoalcos o apartado y solo en algún otro lugar, el punto es que ahí estaba el tren. Quise saber qué se sentía recorrer el mundo en tren como lo hacen los vagos de las películas, de polizonte en un vagón de carga sin puertas.
Mi plan era meterme en un vagón, viajar y detenerme en alguna de las estaciones a la que llegara el tren, llamar a mi madre y decirle lo que ocurría y que iba a estar en casa mañana, entonces me pondría a recorrer la ciudad para conocerla y cuando pudiera volver a la estación y meterme en otro tren con destino al sur de Veracruz, ya que seguramente haría escala en Coatzacoalcos o desaceleraría su paso en alguna de las vías de Minatitlán, que es donde yo saltaría.
El vagón estaba frente a mí: era una pieza sin puertas y con espacios laterales perfectos para dar cabida a algún vago, como el vagón al que se querían subir Nelson, Bart, Millhouse y Martin cuando querían volver a Springfield, añadiendo que mi vagón estaba oxidado y traía unas cajas de madera grandes en él.
No sé de dónde había venido yo pero ya tenía en mi poder una mochila con unas cosillas útiles para unas horas en otro lugar y una carpeta con tareas que no recuerdo haber hecho, ya que no acostumbro hacer tareas.
Me subí al vagón, me acomodé y me relajé unos minutos hasta que el tren comenzó a avanzar lentamente; los vagones, las ruedas y la locomotora de algún lugar de enfrente, alejada del vagón donde iba, comenzaron a producir los sonidos típicos de un tren que alguna vez oímos en las películas o cerca de unas vías.
Ya estaba en marcha, los sonidos del tren eran unas ruedas girando a gran velocidad y el paisaje que se veía por donde debería haber 2 puertas corredizas grandes era monte verde que se perdía en el horizonte, paisaje común aquí en Veracruz. Después de pararme frente al panorama arriesgándome a que algún traspié del tren que no debería ocurrir me tumbara afuera, volví.
No sabía si comentar esto o no, ni si clasificarlo como relevante o pasajero, pero lo que me motivó a pararme y ver el panorama era una cuerda que estaba amarrada a una caja. Es decir, estando el tren avanzando hacia en frente, yo me encontraba en una esquina del vagón, la ubicada al noroeste del mismo (tomando la dirección del tren como el punto norte), vendrían siendo como las 10:00 en lenguaje militar a partir del centro del tren. Una de las cajas grandes, que yo veía a mi izquierda (a las 15:00) tenía una cuerda que la prensaba con un nudo en una de sus esquinas; la cuerda salía en diagonal hacia arriba hasta salirse del tren e ir a parar a un cable que iba paralelo a las vías y a la altura del tren.
Deduje que era un sistema de sujeción para evitar que las cajas se cayeran durante el transcurso del viaje. Fue ahí cuando me paré a ver dónde estaba atada del otro lado, fuera del tren, y de paso a ver el panorama. El sistema de cables me llegaba a la altura del cuello (tomando en cuenta que estaba parado sobre el piso de un vagón) y vi que la cuerda terminaba en un nudo que la conectaba perpendicularmente al cable; el cable del tren iba metido en un agujero que dejaba el nudo para seguir avanzando, así que la precisión del nudo y del cable me asombraron, puesto que un nudo muy apretado podría hacer que cuando partiera el tren la caja se jalara y se saliera fuera del vagón.
Así pues, al terminar de ver ese tan raro sistema y el paisaje algo verde y húmedo de acá, volví a mi anterior posición y me quedé sentado nuevamente.
Durante el viaje estaba pensando en a dónde me llevaría este tren:
"Si me lleva al norte de Veracruz, quizá llame para avisar y me quede un rato, o un día;
"si llega a México, buscaré a mi tío Andrés para que me de hospedaje unos días y visitar algo, aunque no quisiera causarles molestias con un nuevo inquilino que llega de repente y sin aviso buscando casa;"
"si me lleva más a los estados del norte no sabría que hacer, están demasiado lejos y no conozco a nadie allá, y tampoco me parecen muy hospitalarios como los del sur".
Y recordaba la vez en que fui en avión a Torreón, Coahuila, desde el estado de México (en realidad era desde el Aeropuerto de Canticas, en Coatza, pero el avión se detuvo en México y de ahí agarramos el segundo vuelo). Yo sabía que en Coahuila había un desierto muy caliente (en esas zonas norteñas hace más calor que aquí) así que me asomé desde la ventanilla y vi abajo: creo que era muy alto como para distinguir bien las ciudades pero aunque rebusqué minuciosamente algún asentamiento, solo recuerdo haber visto tierra cubriendo todas partes, y grandes montículos que no recuerdo si eran de tierra o rocas; no tan grandes como un cerro o una montaña, para nada, pero sí eran lomas que aún a muchos pies sobre el aire se veían colosales. En aquel momento pensé que estar en medio de ese lugar era una muerte segura en medio de la nada.
Volví de los recuerdos a mi lugar en el tren, y deseé que no fuera en lo estados del norte :-S
Traté de representar el lugar en el que iba metido. Superpuse una imagen de un vagón viejo que se parece mucho a donde iba y otra de unos pastizales, los cuales no muestran bien el panorama real pero hacen un intento. Borré algunas cosas y la tierra que hay alrededor de las vías en los caminos la quise hacer con el aerógrafo de paint, es un trabajo rápido pero útil para dar una idea del ambiente. Digamos que en escala del 1 al 10, esta representación tiene un 7. Hay que recordar que yo estaba viendo todo desde adentro del vagón. Los enlaces de donde saqué las imágenes fueron »este« y »este«, aunque no sé si para cuando alguien lea esto esos enlaces sigan funcionando.
Pasó algún tiempo relativamente largo, y no puedo calcular cuánto pero las horas ya se sentían pasar. Cuando viajaba en carros de primera hacia algún lugar lejos, como ir desde Minatitlán o Coatzacoalcos hasta Xalapa, Veracruz (ciudad), Poza Rica o hasta salir al Estado de México, me quedaba sentado durante horas hasta que me dolía el trasero, solo para descubrir que aún hacían falta más horas de viaje. Ahora en el tren sentía un poco de tiempo pero concluí que seguramente iría más cerca de lo que me estaba imaginando; seguramente no habría llegado a la mitad de Veracruz aún.
Pronto el monte verde que veía se transformó en vegetación más baja; el monte que antes seguramente me llegaba hasta más arriba de la mitad del cuerpo (sin estar arriba del vagón) ahora lo veía y calculaba que me taparía las rodillas o poco más, y su verde vivo era más opaco, más seco, el sol ya estaba en una posición algo diferente, y qué bueno que no había calir, ya que viajaba en un vagón de metal.
Pronto el tren se detuvo, me levanté un poco para ver en dónde estábamos. Seguíamos en medio del monte; había unas casas viejas y pobres a mi mano izquierda, luego identifiqué el lugar: en medio de la nada. Primero me pregunté si este sería el destino final de este tren viejo y oxidado, pero luego me dije que no, ya que las pocas casas y el ambiente eran poco como para merecerse un- final de recorrido. Vi que de entre las casas salieron 3 señores: uno un poco joven (18-21 años), un señor y un viejo. Su piel era morena, como quienes estaban mucho tiempo expuestos al sol, tenían fachada de trabajadores, albañiles más concretamente: su aspecto no estaba bien cuidado, su ropa era vieja y sucia, el viejo tenía el cabello y las barbas canosas y desaliñadas.
Me volví a preguntar por qué se había detenido el tren.
Me asomé y los vi con unas cosas entre sus manos, era un poco de equipaje, guardado en alguna mochila o una bolsa de tamaño mediano. Los vi entre mi vagón y el de enfrente, después parecieron acordar este vagón y se vinieron a meter aca; pusieron una cara algo sorprendida de encontrar a otro vago montado pero prosiguieron a acomodarse por donde yo estaba.
El tren lentamente avanzó hasta que volvió a tomar su marcha de nuevo. Los 3 sujetos de vez en vez se cruzaban una que otra palabra. Luego le pregunté yo al viejo, que era el que tenía sentado a mi izquierda:
-¿En dónde estamos?
-¿Cómo? -me preguntó.
Y fue raro, pero aunque los 3 hablaban en español, era muy extraño escucharlos; sus palabras eran algo poco comunes para mi oído, pero no sabía qué era.
-¿Que en dónde estamos? -repetí la pregunta con más vigor.
-Ah, en... -y me dijo una ubicación que desconocía - Nosotros venimos de las Islas 1.
"Las Islas Uno", intenté recabar información desde mi memoria pero no encontré nada.
-¿Las Islas 1?
-Sí, me volvió a responder el viejo -Las Islas 1, Islas 2, Islas 3, Islas 4...
-¿Y por qué les pusieron así?
Se encogió un poco de hombros, puso cara de :-S y levantó un poco las manos como si se tratase de un asalto. Después continuó:
-Así les puso el gobierno.
Yo no dejaba de pensar que su acento era extrañamente inusual.
-Aja pero, ¿en dónde estamos ahora?, ¿qué lugar es ESTE? -intenté ser más específico haciendo ademanes de generalización.
-Ah... Texas.
Me quedé ¡a cuadros! Sentía cada centímetro de mi rostro cubierto de perplejidad y un sentimiento de miedo grande partió rápidamente de mi corazón por todas mis venas, cubriéndome.
-¿Texas? -pregunté aguardando inútiles esperanzas.
-Sí.
Una ráfaga de pensamientos y conclusiones invadió mi cerebro:
"¡claro! yo estaba acostumbrado a viajar horas y horas en los autobuses y no llegar porque son camiones conduciendo en autopista a 95 km/h. Este es un tren con cientos de ruedas y libre en medio de la nada, por vías que son exclusivas para un único tránsito."
Proseguí:
"... ¡un momento!, ¿vamos en Texas y este tren acaba de arrancar para ir más arriba?"
Luego recordé los lugares a los que me estaba imaginando que iba a llegar.
-Oiga, ¿y sabe hasta dónde va a llegar este tren? Es que solo quiero ir un rato allá y luego volver.
No recuerdo qué fue lo que me respondió o qué conversación hubo, pero recuerdo haber tomado la carpeta de tareas que había puesto a un lado y mostrársela: había mapas de México de los que se compran en las papelerías: blanco con trazos negros, y sin los nombres de los lugares. Se lo mostré y con líneas le hice saber de dónde había partido y por dónde creía que íbamos apenas (a mitad del estado de Veracruz); luego me hizo comentarle:
-Ahh, es que para encontrar trenes rápidos tengo que ir a ciudades como Los Ángeles... o Nueva York, donde los trenes están saliendo continuamente, ¿no?
El viejo me hizo un ademán de afirmación un poco confusa, creo que le costaba entenderme.
Había más oscuridad en el ambiente; aún no era de noche pero el cielo sobre nosotros era color azul oscuro y el último resplandor de luz diurna estaba en el horizonte, casi invisible. Además, estando en medio de la nada, sin luces, se veía todavía más oscuro; los 3 sentados, el cable, el monte y los objetos del tren estaban pasando a ser sombras, y esto lo sabe cualquiera que haya estado en un lugar carente de luces artificiales cuando cae la noche: los objetos se ven cada vez más oscuros y tristes a medida que llega la noche y no se enciende ni un cerillo.
Mi corazón y mis nervios seguían mostrándome lo asustado que estaba, y es que desde que escuché "Texas" hasta ahora no había dejado de sentir miedo. Sabía que me había alejado repentinamente de casa sin avisarle a nadie y ahora seguramente faltarían horas para que pudiera encontrar un teléfono y muchos dólares o alguien muy caritativo para poder realizar una llamada a México y avisarle a mi madre que me había subido en un vagón sucio porque sí, había viajado horas en medio del monte, solo, y ahora me encontraba en Estados Unidos, sin dinero ni casa ni ropa, pero que intentaría llegar cuanto antes allá.
Pensaba, pensaba, pensaba, pero no se me ocurría nada, y seguía asustado. Miraba de un lado a otro, buscando respuesta entre la oscuridad creciente y vi el panorama de afuera: solo y cada vez más oscuro e incierto.
Luego, súbitamente y como un rato, abrí los ojos y vi mi cuarto y el día con sus sonidos de "mañana". Mi cara se volteó a la misma dirección en que debería haber una puerta sin puertas, que era donde veía el monte, pero en lugar de eso estaba mi ventana mostrando una parte de mi patio trasero.
Me tomó alrededor de medio segundo o un segundo convencerme de que todo había sido un sueño.
"¡Mi casa!", pensaba asombrado cuando apenas me reponía del sueño. "¡No salí a ninguna parte!".
Sentía la almohada por aquí cerca. Mi corazón aún latía de miedo y desesperación, eso tomó varios segundos superarlo, después me levanté, ocurrieron unas cosas de casa en la mañana y luego vine aca.
lunes 4 de mayo de 2009
Un viaje muy largo
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