Hoy tuve un sueño algo revelador que me ha dejado qué pensar. Escribí lo que rescaté para que no quede en el olvido, pero no pienso publicarlo, no sé si quiero hacerlo o si estoy listo para que ello suceda.
Hay que reordenar ideas y pensamientos, informarse mucho para pensar en cuánto puede haber de verdad en ello.
Lo siento.
jueves 30 de octubre de 2008
Tíquet
viernes 24 de octubre de 2008
El metro
Hoy acabo de comprobar que el cerebro, debidamente manipulado, puede predisponer del cuerpo para cualquier cosa.
Después de ciertos eventos que he olvidado por ser fugaces pero no por ello de poca importancia, me encontraba caminando en el Naranjito en medio de la larga calle 6, una de las dos principales. Me encontré a una mujer de unos 35 años, estatura mediana y no sé explicar por qué pero con buen cuerpo, no el mejor pero sí uno que no puede pasar desapercibido. Me preguntó por el metro.
Aquí en el Naranjito no hay ningún metro, pero en el Naranjito en el que estaba sí, ubicado tal como le dije "HASTA EL FINAL, hasta ALLÁ", señalando con un dedo lo que calculaba era el extremo del Naranjito, casi invadiendo la colonia vecina.
Me platicó brevemente algunas cosas sobre su importancia de estar allí, la distancia, etc. Decidí acompañarla porque para eso yo ya tenía un motivo para ir ahí, aunque no lo recuerdo porque fue espontáneo. Avanzamos platicando durante el recorrido, que se hizo muy corto; ya venía yo con un amigo llamado Ángel Omar y ambos compartíamos la misma causa para estar allá.
Llegamos al lugar donde estaba ubicado el metro, la entrada era un pasillo hacia abajo pero no como las demás entradas del metro con escalones, barandales y una pared; esta entrada era un único túnel sin escalones (me parece que era la acompañante quien resbaló mientras bajaba), era estrecho donde cabían no más de 2 personas y la altura del pasillo hacía que casi cualquiera se inclinara.
Nos formamos en una fila que allí había, pero no era para comprar boletos porque el lugar era del porte de una oficina como las gubernamentales de México, aburridas, serias y protocolarias. La cola era larga pero las pláticas la hacían amena. Cuando estábamos por una curva de la misma cola vi que un muchacho le pellizcó la cintura a la dama que venía con nosotros y que estaba formada inmediatamente en frente de mí, luego le dijo un piropo directo y sin creatividad; yo lo volteé a ver para analizar si era conocido o no, pero al ver que ella no volteaba con ese piropo me di cuenta que no había reconocido ni su voz para certificar que se llevaban así y él tampoco se detuvo a llamarla por su nombre, dejando la situación clara con esto.
Me dispuse a darle un golpe porque no me podía permitir que la mujer con la que iba acompañado en el camino fuera acosada y perturbada así de la nada en frente de mi persona, definitivamente no lo quería y no lo podía dejar pasar así que con algo de agilidad le solté un golpe en la cara (él estaba parado cerca del que estaba formado 1 o 2 lugares por detrás mío), fue inesperado para él, quizá no sabía que tenía esa relación de amistad temporal que uno tiene cuando se topa con un extraño y conversan.
-Tranquilo -le dije serenamente mirándolo a los ojos y me volteé, él aún no acababa de asimilar por qué un desconocido había defendido a la desconocida que él acababa de acosar, teniendo yo nada que ver con su asunto, como quizá sería su pensamiento. No me hizo nada.
La cola de pronto cobró un ritmo veloz y al verme ya casi en el momento de pagar le dije:
-No me va a dar tiempo, no me va a dar tiempo -mientras en mi cartera rebuscaba el dinero y el recibo de ¿teléfono? para hacer mi pago sin demorar "al sistema" :-)
-Sí lo logras -me animaba ella. Al ver que ya era mi turno pasé de largo y me di cuenta de que no podía encontrar el recibo, aunque el dinero sí lo traía. Lo estuve buscando en mi cartera, mas los resultados fueron infructuosos.
Aquel hoyo por el que había entrado al metro, que después se había convertido en oficina, dejó su forma de madriguera y lo vi como la estación de autobuses del ADO de Jáltipan: el nombre de la dominante empresa de transportes no se reflejaba en su pequeña sala de espera. Fue entonces que no salí por el pequeño túnel cuyo camino era una trampa sino por 2 grandes entradas juntas.
Había una baca en frente y fui a ver a las dos personas que con anterioridad me habían llamado para que fuera allá. Uno de ellos era un amigo, la presencia era amiga pero la entidad no la puedo asegurar con firmeza porque por un momento adquirió el aspecto de Juan, también pudo ser Ángel Omar o el tipo que acababa de golpear recientemente. Creo que durante algún momento de la charla fueron los tres.
Annel es una chica que conocí y se encuentra ahora en Canadá; estaba sentada en la banca mientras el otro y yo parados. Ellos llevaban unos momentos platicando y cuando yo llegué quise quitarme la intriga sobre lo que ella hacía aquí en México. Me dijo que se había apuntado a un seminario y fue tomando el aspecto de una niña que iba conmigo en la primaria: Marcela del Carmen. El argumento de ahora es que le pagaban a ella para que fuera al Seminario de Canadá a enseñar lo que sabía (era la niña más aplicada de mi grupo), pero después comentó con un tono ofendido que con el sueldo que le pensaban dar para que se cambiara a vivir allá "ni loca".
Nuevamente estaba yo viendo a Annel comentar sobre el seminario, ahora era Annel que nos informaba que estaría en uno de por acá.
Yo tenía mascando una enorme bola de chicles, se ve que había ingerido la caja entera; eran de esas bolitas de chicle de relleno ácido. Todas juntas provocaban una acidez en dentro de mi boca y mi garganta que decidí sacarlos, era tan grande la masa que me tomó tiempo y lentitud extraérmelos de la boca. Abrí grandes mis labios y fui jalando con la mano.
Ellos comenzaron a caminar porque no había nada más que hacer y el recorrido era muy largo. No podía ni hablar para que me esperaran pero me pareció bien que se adelantaran en lo que me libraba de la molesta bola de chicles que venía mascando desde hace rato, una vez fuera la tiré a un bote de basura que estaba cerca y caminé para alcanzarlos: ya iban a unos 30 o 50 pasos adelante.
Fue entonces cuando mi boca comenzó a producir bastante saliva, una reacción que se da cuando la lengua percibe una cierta cantidad de ácidos después de permanecer en reposo (como cuando es primer bocado de algo) o cuando estaba adoptada a sentir bases en sus papilas; o como cuando alguien tiene hambre y ve algo que se le apetece en cantidades. La boca comienza a prepararse para un festín o para lidiar con una sensación ácida y genera mucha saliva desde la parte de atrás de la lengua y en frente por abajo de la misma.
Así, sintiéndolo el ácido de los chicles pero sin una masa para revolverlos comencé a sentir un torrente de saliva aparecer poco a poco en mi boca, llenándola a ella de líquidos y a mí de asco. Iba por la calle caminando y los sentía alejarse a ellos más. Mi boca ya casi no podía contener las ingentes cantidades de saliva. Arrojé una gran cantidad de ese líquido al suelo a modo de escupitajo, un escupitajo con mucho contenido. Me provoca asco el solo recordarlo porque las sensaciones agrias vuelven a mí y me hacen vivir un momento parecido pero a menor escala.
La tarde se había vuelto ahora noche oscura, de las estrellas no tomé nota, pero ya la iluminación nocturna de las calles por el alumbrado y la ausencia de gente indicaban el inicio de la oscuridad. Vi una vieja acercarse, no era nadie, solo el reflejo de repudio social que viene cuando alguien comete bajezas en público de la talla de lo que me acontecía en ese instante, así pues, la vieja era decente y con una expresión de condena moral y reproche sobre lo que me estaba sucediendo, decidiendo voltear a otro lado para evitarse el mal momento.
No fue suficiente con lo que escupí porque mi boca seguía ahogándome con esa producción en masa de baba. Me preparé para una expulsión grande y vomitiva de ello: dejé caer un torrente sobre el suelo bruscamente, chorreaba de mi boca que apuntaba para ese entonces directo al suelo, en un cuadro auxiliar que vi cerca de la acera cubierto con tierra y pasto verde. No paré, aún escurría y solté otro más.
Quise proseguir pensando que eso era todo, pero aún sentía más saliva y expulsé un poco más cuando comenzaba a retomar el paso. Quedó vacía mi boca y por el asco intentaba mantener mis ojos cerrados.
Con los ojos cerrados sentí cómo muy, muy velozmente mi lengua y mis dientes se inundaron de saliva que había sido creada en menos de un segundo, tal cual cuando se desborda un sistema de tuberías. Tenía una tercera parte de todo el espacio bucal inundado por saliva, abrí los ojos y conteniéndola valientemente exclamé decisivamente:
"¡Mierda!"
Me quité la cobija con que me tapaba, abrí mi puerta y fui al lavamanos que por suerte estaba en frente de mi cuarto a expulsar el fluvial de lo que, queriendo aclarar, era saliva y no jugos gástricos o cualquier otra cosa fuera de ello que se pudiera suponer. No fue una de esas ocasiones en que uno siente mucho pero cuando ocurre resulta ser poco; esta vez expulsé la cantidad que sentía dentro de mí, los cálculos de mi cerebro fueron certeros y no influidos por la magnitud de mi asco.
Después de expulsar bien ese pedazo de saliva me apuré a enjuagarme la boca con agua del lavamanos sirviéndome de la llave y un vaso que uso precisamente para mis enjuagues. No me sentía completamente limpio pero ya había sido suficiente de líquido en mi boca.
Volteé a la izquierda y la luz estaba encendida, a la derecha y la puerta del baño cerrada con una luz de dentro y sonido, indicando que mi hermana ya se estaba bañando, luego oí de la cocina lo que parecía a ser mi madre preparando su desayuno.
Volví a la cama para acostarme, no sin antes tocar unos pedazos de cobija para ver si los vómitos de saliva solo habían sido en el sueño.
Afortunadamente así parece ser, todo lo poco que toqué (incluyendo mi pecho y por mi boca) estaban secos, aunque no fue una exploración exhaustiva porque aún me hallaba invadido por el sueño.
Al estar de nuevo en la cama me puse a pensar cómo es que mi cerebro había dado una orden para producir saliva a discreción y con mucha rapidez en mí sin tener, hasta donde sé y me gustar creer, nada en la boca, envió las órdenes correctas para seguir con la hilaridad de mi sueño, pero trayéndolo a la realidad, dejando de proyectarlo mentalmente y tornarlo físico.
Aún seguía con la sensación de saliva en las paredes de mi boca mientras seguía pensando.
Si pudo ser algo tan simple pero complejo como una orden de saliva a la boca, me doy cuenta que bajo las situaciones y estímulos correctos se podría hacer producir quizá sudor, miedo, endorfinas o incluso la sensación de unos dedos que acaricien cualquier región del cuerpo.
También aprecié en este sueño el reflejo de la poca inhibición por la que estoy pasando por estos días. Yo soy una persona prudente y que piensa 2 veces las cosas antes de hacer algo impulsivo o brutal, pero al soltarle sin muchos miramientos un golpe a ese acosador me hicieron saber que llevo un buen progreso en esa forma de actuar que creo mejor que la que tengo.
Anteriormente tuve otro sueño que no escribí por tener muchos acontecimientos que aunque curiosos, estaban todos fuera de lugar, lo que hacía extenso ordenarlos y darles seguimiento, pero fue hace una semana aproximadamente y recuerdo cómo tomaba una mochila que un sujeto me había robado y al darse éste cuenta, me detuve y lo volteé a ver haciéndole un gesto retador. Yo comenzaría a correr muy lentamente y veía cómo él venía rápido, alcanzándome poco a poco, pero nunca desistí y no me retracté de mi actitud retadora.
Si bien puede que me falte mucho y no esté capacitado para lidiar con todas las amenazas y dificultades intimidantes que se van presentando en la vida, tengo conmigo por lo menos la valía de hacerles saber que no les tengo miedo.

