miércoles 2 de julio de 2008

El mejor padre del mundo

Ellos eran unos secuestradores, como 5 personas, tenían una camioneta negra para transportarse, no eran secuestradores comunes, ellos seleccionaban a sus víctimas cuidadosamente y planeaban el ataque; su secuestro no era express pero daban poco tiempo a la víctima antes de cometer el homicidio.

Ahora tocaba a una familia: madre y padre jóvenes y apuestos, un niño pequeño y rubio de unos 8 años, el "campeón" del padre.

Se podía oír, en el fondo del escenario, levemente la voz del padre narrando los hechos:

-Yo no tengo hijos -argumentaba triste y amargado; el padre que narraba la historia sin duda estaba consumido por los años, con sus sueños frustrados y la derrota lo invadía.

Prosiguiendo con la historia, ellos caminaban sobre un puente que estaba sobre un río, el puente era para cruce de vehículos y no para personas; tanto el puente como el río estaban limpios y en buen estado: eran parte de la empresa donde trabajaba el padre, por ello que caminaran tranquilamente sin temor a que apareciera un carro.

Pasaron junto a la camioneta negra platicando cuando rápidamente salen unos 3 hombres vestidos de negro apuntándoles con unas pistolas ordenándoles que nadie se moviera, luego otros dos salen de donde ellos venían, también con un arma, acorralándolos.

La familia se torna nerviosa e insegura y enmudecen, el niño se asusta.

Aquella banda de secuestradores era conocida por operar a sangre fría, sin tener piedad a la hora de matar a sus víctimas y yo, como espectador del sueño, temía ver que matasen al padre y a la madre frente al niño, o viceversa. Algo parecido pensaban hacer: ordenaron a la madre y al niño que subieran a la camioneta y dos de ellos se ocuparon del padre:

-¡Camina! -era la orden de uno de ellos para que el padre fuera a la orilla del puente, sin embargo la orilla por ser parte de la empresa, estaba rodeada por una reja alambrada para evitar accidentes, y el río aunque estaba hondo, no tenía casi nada de corriente y el agua era limpia, bordeaba las instalaciones de la empresa.

-¡Lánzate al río!

El padre entendió que no había alternativa al desacato, era preferible eso a que le dispararan en frente de su esposa y su hijo. Yo veía la escena y pensaba en lo que podía pasar: tal vez el padre caía muy profundo y tenía que salir a flote, luego nadaría hasta la superficie, y después vería qué hacer, pero no estaría muerto.

Trepaba resignado el enrejado para zambullirse y no temía por lo que fuera a pasarle a él y a su familia, de pronto lo veo detenerse cuando casi llegaba a la cima y comenzar a clavar una placa de metal de fondo rojo y letras blancas, rectangular y pequeña, no leí el mensaje. Volteó con una sonrisa a los 2 que vigilaban que no hiciera algo tonto.

-Olvidé mencionar que... soy el encargado de la seguridad de este lugar.

En seguida vi una mano que accionó una alarma, no sé que mano ni qué alarma, pero era como el apagador de un foco. Varias luces se comenzaron a encender, ruidos de alarmas por todos lados comenzaron a emitirse y todas las entradas de las instalaciones se estaban cerrando, a la par unas con otras. Los secuestradores comenzaron a mirar a todos lados.

-Dentro de poco tiempo -continuaba el padre sin bajarse de la reja - vendrán un montón de personas a rodearlos, tantas que no podrán con ellas -un puente enrejado no era situación para escapar o esconderse-, cualquier persona que maten sólo empeorará su condena.

Yo estaba atónito, no me esperaba esa jugada; hasta ahora no entiendo cómo, siendo mi sueño, ocurrió algo que yo nunca pensé y no se me ocurriría imaginar, lo daba por perdido y buscaba opciones que ocurrieran en un plano donde el padre acabaría saltando al agua.

No vi el desenlace, pero si supe que ocurrió como el padre planeaba: se llenó de agentes de seguridad con armas y los secuestradores habían cedido, quedando la familia libre. La esposa estaba muy contenta y su hijo lo había convertido en su gran héroe, el "padre" había pasado a hacer el mejor padre de todos.

De pronto el padre comenzó a volar parado hacia su casa, viendo la ciudad desde lo alto, pasó por edificios, un río y varios paisajes. Su hijo en la ventana de su cuarto pensaba en su padre, cuando de pronto este llega de los cielos frente a su ventana y le da una gran sorpresa. Era demasiado admirable, y cuanto más, impagable tener a un hijo que te considere su super héroe, es entonces cuando te conviertes en el mejor padre del mundo.

En algún momento de la historia se le hizo una pregunta al padre narrador a la que éste respondió:

-Tenía ocho ojos.

Haciendo alusión a que los ojos de su hijo eran también los suyos, aunque eso no explicaba dónde quedaba la otra mitad.

La historia acabó y se apreciaba al narrador sentado y con una mirada de fracaso, su desolación parecía permanente, el héroe joven había muerto y en su lugar estaba adulto canoso, con ojeras y algunas arrugas que acentuaban ya su demacrado rostro.

Su hijo había muerto un tiempo después, no por los secuestradores, de quien ellos no volvieron a tener noticia, la causa la desconocía, quizá por una enfermedad, o por un carro que lo atropellaría en un día cualquiera o en un accidente.

La esposa compartía su dolor mientras el padre no encontraba ya significado a la vida.