Hace unas dos o tres noches volví a sufrir de parálisis del sueño, sólo que esta vez no recordé lo que era ni que era normal así que pensé que era una más de las reacciones de mi cuerpo durante la noche.
Estaba totalmente congelado, la cara la tenía un poco pasmada y no podía mover ni un músculo, ni siquiera mis ojos que estaban cerrados, me dolían un poco ciertas articulaciones como las de los brazos y piernas. Lo primero que se me vino a la mente es que ya estaba muerto, que de alguna forma había muerto, y como no recordaba cuál pensé que había sido algún paro cardíaco durante la noche o algo así.
Traté de mover mi cuerpo unos momentos más, luego me detuve y pensé:
-Así que esto es lo que se siente estar muerto, no era precisamente lo que yo esperaba, se supone que los órganos dejan de funcionar y el cuerpo se apaga... Ah -exhalé dentro de mis pensamientos- esto es estar muerto. Supuestamente debo quedarme así un verguero de tiempo hasta que Dios venga y me levante para llevarme a su jardín de color blanco y revivir... pero yo soy ateo -ni creyendo estar muerto me arrepentí o renegué de ser ateo- así que no tocará eso. Tons me voy a quedar en esta posición por el resto de la eternidad... ¡qué aburrido!
Pensaba en el destino que iba a tener hasta que se descompusiera mi cuerpo, en los ejercicios mentales que debían hacer algunos muertos para no aburrirse, en lo que sería ver las 24 horas al día todos los días el techo de un ataúd y saber que estoy enterrado bajo tierra sin tener si quiera idea de si es día o noche. No quería creer que fuera tan aburrido.
Me empezaba a imaginar que Dios sí existía y que se iba a llevar a todos menos a mí, y que iba a poder verlo, pero todo como conjeturas humorísticas y nada como una recopilación de posibles hechos.
Sin embargo al estar consciente de todo y no avanzar a la siguiente etapa en el proceso de sueño, mi cerebro detuvo la operación para emitir el despertar físico, mi cuerpo se dejó de paralizar y fui recobrando el movimiento poco a poco. En ningún momento me sorprendí por una cosa o por otra, solo me dediqué a ser testigo de todo lo que ocurría dentro y fuera de mí.
Después de unos minutos despierto y pensando en eso recordé lo de la parálisis del sueño, la aventura que viví la otra vez, proyecté que iba a venir a escribir aquí, divagué en cosas y luego dormí.
sábado 14 de junio de 2008
Congelado
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