miércoles 11 de abril de 2007

Tercer Terrible Choque

Me dormí a la 1:00 de la tarde.

No recuerdo bien cómo ni por qué sucedieron varias de las cosas, pues esta vez sí que hubo escenas ilógicas. Pero subí a un carro en Jáltipan. Era un Dorado, carro viejo y chico.

Me subí y me senté en uno de los asientos de en medio, le pedí permiso a una persona para poder sentarme y me acomodé en un asiento junto a la ventana del carrito. Miré el panorama un instante y luego volteé a ver a aquella persona que estaba junto a mí. Vi que era una chica con uno o dos años menos que yo, de tez blanca, pero era un blanco tranquilo, no aquel pálido endemoniado que a veces pesadilleo, su vestido era del color del cielo y su mirada, tranquila.

Tenía su mano cerca de mí y la toqué, la empecé a acariciar, la acerqué a mi pierna y la seguí acariciando suavemente, recorriendo su palma con mis dedos y sus dedos con mi palma. Ella no parecía inmutarse, pero tampoco emocionarse: parecía sentir lo que yo hacía: dejar a un lado todo lo demás y dedicarse a lo que sentía su mano.

Se me ocurrió pasarle un mensaje: con mis dedos empecé a acariciar unas letras en su palma, una por una para que las asimilara. No recuerdo qué fue aquello que le escribí unas 3 veces pero era algo muy parecido a un "te deseo" o "te quiero tanto".

Ella no mostró respuesta alguna y la seguí acariciando. Después se tuvo que bajar y yo me sentí algo mal. Sentí que no debía perseguirla, que debía dejarla ir, algo me decía que ella era algo pasajero, que vino para después irse y no hice nada.

Después vi en los primeros asientos, los que están junto a la puerta, a otras dos chicas que iban en la misma secundaria que yo, pero con las que nunca me llevé, además de que iban en otro grupo. Fui con ellas bajo el pretexto de preguntarles si no sabían a qué preparatoria se había metido otra de sus amigas que en último año la habían traspasado a mi grupo.

Noté que una mostraba aversión a mí, era muy vanidosa y me evitaba porque pensaba que yo era una persona con quien no valía la pena llevarse, mientras que la otra sonreía y contestaba siempre de buena manera. Decidí retirarme.

Me cambié al asiento de hasta atrás y vi que estaba sentada una tía, llena de problemas dentro de ella.

El dorado iba todo el tiempo en una carretera estrecha y solitaria de un solo carril, donde sólo cabía él, iba a velocidad uniforme, el cielo estaba muy tranquilo y si nubes y los pasajeros, aunque actuaban de forma normal: cada uno en sus pensamientos, indicaban estar en un mundo muy alejado.

El dorado atravesó iba más despacio de lo normal, el conductor se veía concentrado; me enteré que llevaba tiempo conduciendo en sentido contrario. Afortunadamente no había peligro, pero recordé el Primer Terrible Choque y el Segundo Terrible Choque que había vivido en aquel mismo universo. Mas, ahora, aunque sabía de la gravedad de aquel asunto, no me sentía en riesgo, no sentía en riesgo a los pasajeros como en el Primer Terrible Choque.

El conductor siguió despacio y con mucha precaución, había una curva a la izquierda que daba a otra autopista, perfecta oportunidad para salir de ese apuro y tomar el sentido correcto, ya que en aquella autopista habían dos carriles, como era debido. El conductor frenó en el cruce, vio a ambos lados y dobló al percatarse que el carro más próximo aún se ubicaba lejos.

La operación resultó todo un éxito y el conductor siguió su ruta normal.

Es probable que haya despertado (a las 2:30) o que siguiera soñando, pero hasta aquí es donde recuerdo.

Realmente son muchos los significados que este sueño trae, pienso que son más de los que ahora puedo imaginar.

Cuando acaricié la mano de aquella doncella no sentí miedo, ni temor, ni emoción, simplemente sentí el deseo de hacerlo y lo hice, después, con aquellas dos chicas tampoco sentí temor, simplemente fui y, al ver que una no estaba de acuerdo con mi presencia, me retiré, pero no como un perdedor ni como una rata asustadiza e intimidada, sino como alguien que admite su derrota.

Pude sentir seguridad cuando el carro iba en aquella carretera solitaria y en sentido contrario, confié en el conductor y no llegó a mí mensaje de muerte alguno.

Creo que sin duda fue una batalla ganada, pues el ente... nunca apareció.

Sin embargo la guerra continúa, o al menos quiero creer que mi propio yo negativo no se rendirá fácilmente y seguirá esperando a que me descuide para cazarme.