martes 9 de enero de 2007

En la autopista

Unos días después de que tuve aquel sueño (creo que fue al siguiente, en realidad no preciso el lapso de tiempo correcto) otro se presentó, era una historia cuya trama no era digna de recordarse (que mis sentimientos se manifestaran y hubieran ocurrido muchas sensaciones no le da ningún crédito al desarrollo de aquel sueño) de modo que la olvidé, pero sí recuerdo lo verdaderamente importante:

Estaba en un puente y bajo él corría un río cuyas aguas eran exquisitas, pero bajas, de modo que era algo riesgozo tirarse desde 3 metros de altura; atrás de mí estaba la torre Eiffel pero supongo que se debía al avatar de un contacto, pues era igual.

Yo recordaba el sueño pasado, me sentía capaz, sentía la seguridad y la destreza necesaria para realizar el clavado. Un amigo y otra amiga (Leonardo y Delhi) se estaban bañando y volteaban alegres y sonrientes a verme haciéndome señas vigorosas con las manos para que fuera con ellos, y es que sus expresiones de diversión postrábanse tan notorias que no eran de despreciar.

Me dispuse a saltar con certeza y el río me retó: ahora estaban más bajas y se podían ver las piedras limosas y ovaladas que yacían abajo.

No recuerdo a la perfección lo que ocurrió después, pero casi puedo jurar que aún así salté, y es que lo que no olvido es que a pesar de la irritación del agua, mis ganas de lanzarme no habían disminuido, mas, para nada recuerdo verme en el agua, por abajo del puente.

Y un tiempo más tarde, entre 1 semana y 2 tuve otro.

Estaba caminando por la autopista, ¿o por una autopista? Muy parecida a la que corre por detrás de la colonia, citada »aquí« anteriormente; pero recuerdo que, variando un poco a la de la realidad, esta estaba algo sumida, es decir, a los lados el terreno se elevaba un pequeño tanto.

Estaba malherido (no recuerdo qué era) pero debía llegar al hospital de Minatitlán lo más rápido posible o tenía altas probabilidades de morir, tomé la autopista para ir por atrás y no por la transístmica.

El ambiente era de soledad, no había nada más que pasto a alrededor de la autopista (ni siquiera viento); por más que quería correr con todas mis energías, apenas y daba unos pasos con dificultad, como quien intenta caminar sin protección en el agua dentro de una profundidad retante.

Después vi un puente de autopista que corría perpendicular a donde yo iba, pero para llegar a él había que avanzar un poco más y doblar en subida:

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X = Yo
Y = Un puesto abandonado


el camino era muy lento, mis pasos eran pesados y entumecidos, sentía presión hacia mí por todas partes y parecía que yo no avanzaba.

Me extrañaba que mi caída hubiera sido tan en picada de un sueño a otro; cuando al principio me supuse que llegaría fácilmente, incluso planeando atajos en mi mente, sentí que jamás llegaría.

Llegué al punto Y donde había un pequeño puesto de no recuerdo qué, el cuál constaba de una mesa de madera y algunas cosas. Una muchacha me atendió.

¡Diablos! No recuerdo qué ocurrió, es esta mala costumbre de postergar las cosas. Lo que recuerdo es que subí el puente y desde ahí podía ver cómo un sujeto estaba en plan de conquistar a aquella joven.

Después me encontraba en una escuela en la que no conocía a nadie, y ayudaba a pegar un cartel; sólo mantenía relación con un empleado del plantel, no recuerdo si era el director, pero era para este último a quien el cartel iba.

Mientras pegaba el cartel otros alumnos pasaron burlándose de mí, dando a entender lo ridículo de mi situación al estar ayudando al personal en lugar de pasármela bien en el receso, pero sus burlas eran tan molestas como seguramente a muchos ya les ha ocurrido. En el sueño anterior, todo esto era para que los pusiera en su lugar, pero en lugar de ello oí irritado cómo se reían de mí, cómo me hacían pasar un mal rato.

Terminamos el cartel y comenzó una ceremonia, y el director era el centro de ella, era también el presidente de la república.

Un sueño que pude haber narrado con más fidelidad, pero lo pospuse después de trazar el tedioso mapa ASCII de la autopista. De cualquier forma el mensaje era el negativo de mi yo en el sueño anterior, el de siempre, y a pesar de los chicos burlándose de mí y las circunstancias que me rodearon, no considero que hubiese un ente, pues nunca me sentí 'perseguido'.