martes 24 de octubre de 2006

Mi madre

Madrugada del martes 24 de octubre del 2006:

Nuevamente me he levantado con miedo, el valor que se supone levanto con mi pecho se encuentra ausente.

Mi hermana agarraba por su lado y yo por el mío, cada uno preparándose para salir de casa a su propio mundo. Nos dedicamos tiempo a la belleza e íbamos a salir.

La noche era muy, muy negra y sin estrellas. Mi madre no nos había dado permiso pero la ignoramos, como siempre.

Yo me disponía a ir con Rammstein; íbamos quizá a tocar a un lugar del que no estaba enterado; no sabía a dónde me querían llevar, pero iba. Y mi hermana tampoco sabía a dónde ir.

Mi madre nos quería detener de la perdición con sus palabras, exigiendo obediencia a gritos. Ella y yo comenzamos a discutir mientras mi hermana se alejaba, aparentemente sin oírnos ni prestar atención.

Madre e hijo peleando a gritos, descargando furias con el otro, algo cotidiano en ese plano.

Yo, en un arrebato de ira, devolví mi cara y enfrenté firmemente a mi madre gritándole, con todas las fuerzas que mi pulmón me ofrecía:

-¡¡ ¡¡¡Chinga tu reputísima madre!!! !!

Al tiempo que mi cuerpo se contorsionaba hacia al frente por la falta de aire; pude ver por medio de la mirada mía que nunca se apartó de la suya, cómo sus gesticulaciones se tornaban ingenuos, ilusos y atentos cuando escuchaba mi mensaje en cámara lenta.

Al principio pareció resistirlo, pero conforme iban transcurriendo las palabras, se tornaba cada vez más perpleja.

El mensaje, visto por mí a cámara lenta, terminó y esperaba más cosas de su parte, y es que era la primera vez que le gritaba con tal odio a mi madre.

Ella sintió un dolor muy agudo en el corazón, que no tardó en mostrar: trastabilló en un pie, con un gesto de dolor mientras se tocaba su corazón, con un seco y repentino "¡AY!" punzante como el dolor.

Pronto éste se agudizó más y ella comenzaba a llorar amargamente.

Veía por primera vez el verdadero daño que mis palabras le hacían.

Me sentí tan bajo que comencé a llorar y le supliqué perdón bañado en lágrimas, pero el daño estaba hecho y la llaga era perpetua.

Se recostó en una mecedora a llorar y yo fui avergonzado hacia ella y le pedía perdón a pesar de sus rechazos. Le tomé desesperadamente y con mis dos manos su mano izquierda y la besé, y cayeron en ella muchas de mis lágrimas y todo mi arrepentimiento.

Pero el daño ya estaba hecho.

Me retorcía de coraje e impotencia dentro de mí, al ver cómo desaté el segundo e irreparable error de mi vida: "¡primero Rosa y ahora esto!" Era mucho peor.

Luego desperté: mis alborotos despertaron a mi mamá y mi hermana justo para comenzar cada uno a arreglarnos y separarnos. La noche era igual, pero más opaca.

Yo no sabía que el sueño había terminado y me vi, sin lágrimas, pidiendo perdón a una madre somnolienta y despeinada por la noche.

-¿Bueno, tú qué te traes? -preguntó casi poseída por el sueño.

Por primera vez, desde hace muchísimos años, le iba a decir frente a frente que la quería. Me di cuenta alegremente que era un sueño.

-Mami, ¡tengo algo muy importante qué decirte!

Y cargada de sueño: -Sí, sí, espérame... -mientras iba al refri de la cocina por algo.

Me sentía emocionado y preparando mis delicadas palabras, hasta que me di cuenta que la realidad que vivía no era muy certera y desperté antes de poder decirlo.

Ahora la noche es más certera que nunca: llena de nubes y lloviendo, igual que ayer.

Estoy seguro de que esto es real, aunque no tengo ni idea de la hora que es.

El mensaje terminó, y lo rescato:

"¿A caso no te das cuenta del daño que le hacen tus palabras?

¿Cuántos años han transcurrido ya, sin que esa pobre mujer oiga un 'te quiero' por parte de su hijo?"

Es una advertencia de lo que puede ocurrir... o de lo que está ocurriendo.

01:41 AM