domingo 1 de noviembre de 2009

Tense

Ya estoy un poco más relajado, pero no del todo.

Hace tiempo que no había tenido un sueño de importancia, desde la última publicación más concretamente, solo cosas muy triviales y cortas que se me olvidan al momento de abrir los ojos. Pero la pesadilla de hoy fue muy rara, ya que se basó en cosas que se supone no me afectan.

No sé si fue El Ente el que provocó todo esto, porque la razón por la que no había tenido pesadillas desde hace tanto tiempo es porque había adquirido más valentía y más coraje; quiero decir, a pesar de seguir teniendo miedos, inseguridades, dudas y más problemas, he sabido encarar mis problemas decidido a buscar una solución, haciéndoles saber de una u otra forma que no me van a hacer ver pequeño porque los voy a superar. También veo las cosas con toda la racionalidad que puedo, es por ello que cuando estoy en medio de la noche y oigo un ruido en la casa o un crujido siniestro, no pienso ni me preocupo de si se trata de alguna clase de fantasma o alguna forma no-muerta de alguna mujer que aparecerá frente a mi cama vestida de blanco y con la cara descompuesta; más bien pienso, ¿será alguien que se metió a mi casa a robar? y, siguiendo la frase de "yo no le tengo miedo a los muertos, sino a los vivos" pienso en mí, en mi madre, los bienes que tenemos y me armo de valor a encender la luz de mi cuarto e ir a ver rápido para no darle tiempo a quien esté ahí.

Por estas razones no había tenido ninguna pesadilla, pues no he dejado que nada me atormente demasiado al punto de acosarme hasta en mis sueños.

Esto es lo curioso del sueño, que se cimenta en la inseguridad, la pérdida de control, la soledad, el miedo irracional y actos ilógicos. En sí es una pesadilla muy larga que puede dividirse en muchas partes, aunque en realidad todas forman una misma continuidad.

Primero, el curso de física de el curso de nivelación de el tecnológico fue algo pesado: mucha física en poco tiempo, pero ya lo acabé. En el sueño era mucha física en mucho menos tiempo, más difícil y con la maestra Rocío, una maestra de física que tuve en la secundaria que no me cayó para nada bien y con la que no aprendí nada de física, a diferencia del maestro que me dio este curso. Supongo que lo soñé por las anotaciones de calor específico que tenía en una libreta y que vi hace poco. Todos los días del curso era lo mismo: aunque me esforzaba por vestirme y estar arreglado con anticipación, siempre me encontraba con que se me había hecho tarde y llegaba hasta una hora después a la clase. Veíamos los temas de calor específico muy rápido con esa maestra, por lo que había que ser más autodidactas.

El examen final se aplicó y el curso terminó. Creo que a lo sumo habré alcanzado un 10%.

Otra cosa muy breve que ocurrió fue que vi un acto sexual, pero no era solo sexto, era más bien algo simbólico: un hombre y una mujer con una serpiente en medio, estaban actuando y pude entender que fomentaban las actividades sexuales aún sobre lo que digan la Biblia y la iglesia al respecto. El hombre estaba penetrando a la mujer y una serpiente salía de la vagina de ella y acercaba su cabeza al hombre lentamente, con la boca abierta y mostrándole los colmillos, emitiendo un sonido de defensa con su aliento.

Olvidé mencionarlo, nunca fue de noche, todo lo contrario siempre era en el día y el ambiente siempre fue algo blancuzco.

Habían muchas partes de ires y venires, pasos de un lado a otro para resolver diligencias; Ángel Omar, un amigo de la secundaria, iba también en el mismo curso pero a él le iba muy bien, iba al corriente con todos los demás y la llevaba claro en física. Iba en un taxi con mi padre, mi hermana y otra persona en frente y mi madre tenía que venir; no podía permitir que ellos estuvieran en el mismo taxi y hubieron 2 taxis distintos. Pero no fue hasta la segunda parte del sueño (que en realidad pertenece al mismo sueño) que me desmoralicé por completo.


Yo era yo con mis problemas y el curso de física, pero se entrecruzó la historia y la noticia de una chica que estaba viendo a una muerta acosándola. Yo ni siquiera creo en ese tipo de manifestaciones pero no por ello me salvé. Pronto, de alguna manera, yo me encontraba en ese mismo delirio.

Dado que hace tiempo veo de forma menos óptima con el ojo derecho a distancias cercanas, padezco de hipermetropía o astigmatismo en el ojo derecho, lo primero que me vaya a decir un médico (puedo ver ciertas 'ondas' desde mis iris hasta mi lagrimal, como las del agua), y a veces para ver bien de cerca tengo que afilar la mirada y eso sí me preocupa mucho.

Cuando menos me lo esperé yo también me encontraba en el mismo estado que la chica de la que supe, pero hay más: cuando me encontraba en ese trance, yo era una mujer. Voy por pasos.

Me encontraba solo, situado en medio de un lugar con mucha gente, el ambiente era de blancos pálidos con algunas sombras negras (pero se distinguían colores) y la gente caminaba a su ritmo; de repente me venía la sensación de que ella venía. Mi mirada de afilaba y veía las cosas igual de mal que cuando quiero enfocar objetos cercanos y luego la veía aparecer: era una chica de color blanco con cabello negro y estaba vestida con unas telas blancas y largas que cubrían todo su cuerpo excepto sus brazos y su cabeza: volados de tela por todos lados ondeaban con los vientos haciéndola lucir más espectral. Su rostro no era un rostro, era una mueca: siempre con las cejas muy fruncidas como quien está cegado por la ira, su boca tenía un tono de furia y su boca mostraba sus rabiosos dientes, apretados y salvajes; su mueca estaba llena de sombras: arriba de la nariz, en los ojos, en los dientes.

Me miraba y venía hacia mí emitiendo gritos de cólera y rugidos horrendos, como los de una bestia de nombre desconocido.

Yo ahora era un mujer asustada y que gritaba. Debe ser porque en las películas de terror siempre son las mujeres las que tienen delirios con este tipo de entidades, más aún, creo que tenía cabello largo. Veía como todos seguían su camino y esa bestia venía hacia mí haciéndolos a un lado. Me sentía tan desesperada que comenzaba a gritar y a golpear a las demás personas.

En la realidad (y debería haber ocurrido en el sueño también) sé mantener la calma, sé esperar a que el mal venga sin retroceder, y sería lo suficientemente racional como para admitir que ese tipo de demonios no existen y vencerla con ello, pero por alguna razón no lo hice y llegué a concebir la idea de que era real.

Tiempo después, me encontraba en un parque; ya no puedo recordar lo que ocurrió en el lapso de tiempo que ocurrió porque muchos recuerdos de ese largo sueño se han desvanecido con el amanecer, pero estaba muy desesperada porque esa bestia se me aparecía continuamente y siempre desaparecía cuando estaba gritando con los ojos cerrados y golpeando todo lo que estuviera a mi alrededor.

Vi que en el parque se acercó por atrás de mí una chica de cabello negro y vestida de blanco; grité y quise zafarme, pero rápidamente me dijo que no me preocupara; volteé y vi que la expresión de su rostro era la de una persona. Me dijo que ella también la veía.

Sacó un aparado pequeño, como una Palm o un iPod y me mostró un vídeo, era en ese mismo parque, por un monumento que estaba a nuestra derecha. La filmación era desde arriba y mostraba al parque solo, de repente salía la figura de un hombre con traje blanco cruzando por la zona, su aspecto era fantasmal y lo hacía lucir algo transparente.

Ella me contó una historia, que no recuerdo; mencionó algo relacionado con la chica y un nombre: 'Tense'. Se pronuncia como "Tennnessee" pero muy rápido y breve: "Tense", no "tensi". Yo me sentí aliviada (para ese entonces aún era una mujer, y creo que tenía cabello largo hasta abajo de los hombros y una bata blanca, como la que me vino a visitar, pero no como los volados y pedazos de tela que ondeaban en el cuerpo de nuestra aparición). La abracé muy fuerte, como si tuviera frío, porque ya no me sentía tan sola, y le preguntaba otra vez la historia porque me reconfortaba mucho escucharla de alguien más que no era yo.

-¿Y cuál me dijiste que era el nombre de...

-"Tense".

Como dije apenas y tengo recuerdos de todos esos eventos, pero el espectro se me apareció múltiples veces. Siempre que aparecía era cuando pasaba alguna persona cerca: sentía algo de ansiedad, luego mi mirada se afilaba para ver mejor y era en medio de las luces alargadas que se formaban cuando veía a la persona convertirse en esa criatura, viniendo a mí rugiendo y mostrando sus dientes apretados. Yo comenzaba a gritar con desesperación e iba a atacarla (ya no me dedicaba a huir como lo solía hacer con El Ente hace tiempo). Agitaba mis brazos lo más fuerte y agresivamente que podía, y en unos segundos, cuando volvía en mí, me encontraba golpeando a una desconocida y con alguna gente viniéndome a calmar, pero yo ya había cesado.

Me di cuenta que aquella aparición no era un espectro o un fantasma propiamente dicho, sino un delirio. Estaba loca.

Lo que no me explico es cómo aquella otra chica, que era como "la versión buena" de lo que veía, con el mismo físico pero sin esa mueca en su rostro, veía lo mismo que yo. Creo que quizá aquella chica tampoco era real.

Siempre que terminaba un encuentro con ese monstruo y mi vuelta a la realidad, a pesar de que había terminado la escena, sentía bastante miedo, escalofrío y me temblaba mucho el cuerpo, porque en el fondo seguía siendo yo, abrumado por mis problemas, entonces despertaba y volvía a lo que es esta realidad. Me sentía acostado en mi cama y oyendo el viento que hay afuera en esta temporada, pero tenía una mueca en el rostro. Siempre que despertaba de esa pesadilla lo hacía con los ojos cerrados, es decir, dejaba el sueño pero aún no abría los ojos, eso tenía que hacerlo por mi cuenta, y la expresión de mi rostro era precisamente una mueca como la de mi enemiga: ojos apretados con fuerza, la boca abierta y muy deforme y los músculos de la cara tensados, respirando por la boca.

Abría los ojos, componía mi cara y veía a todos lados de mi cuarto, con la misma desesperación y terror a pesar de saber que me encontraba despierto ya. Quería aplicar mi racionalidad como naturalmente sé hacerlo, pero no me resultaba pensar que este era el mundo de los vivos y que no vendría nadie a verme. Seguía sintiendo sueño y volvía a dormir.

Unas 3 o 4 veces debí haber despertado así.

En la última me encontraba subiendo al puente que se usa para cruzar la calle y llegar al Tecnológico, pensando en lo mal que iba en física y en lo aburrido que era. Cuando estaba arriba del puente me subí por el barandal o como se llame, que sirve para protegernos de caer a la calle, luego puse mis manos sobre un tuvo de metal rojo con forma cuadrada que estaba a la altura de mi cabeza y pasaba por en medio del sendero del puente. Bastaba soltarme y tomar cierto impulso hacia atrás para caer entre los carros, solo me salvaba el estarme agarrando del tuvo. Tenía las manos llenas de jabón con agua, cosa que sabemos que en el metal se hace muy resbaladiza, eliminando toda fricción que pueda existir.

No sé por qué, pero todo eso lo hice a voluntad; creo que quería lavar ese tuvo porque cuando veía que hacía falta jabón, lo tomaba de abajo de alguna manera y nuevamente me encontraba sosteniéndome de ese tubo con las manos llenas de jabón.

Pensaba en qué amigo podría traer al Tec para que me ayudara pero no encontraba el ideal:

-Este se fue a vivir a otro lado... este no sabría nada... este podría entrar cuando quisiera porque tiene un padre que trabaja aquí (no trabaja ahí en la realidad.

Había pasado ya algo de tiempo desde la última aparición, la llevaba algo más tranquilo pero aún reflejaba mucha inseguridad (basta con ver mi situación de colgar del un puente con agua y jabón en las manos), creía que ya todo eso había acabado. De repente veo que viene una chica del Tec para bajar las escaleras del puente, ni siquiera me voltea a ver, es normal, sigue su camino y comienza a bajar las escaleras. Puse atención en ella por la ansiedad que me provocó verla.

Mientras doblaba hacia abajo, mi mirada se empezó a afilar para verla mejor y al aparecer las luces verticales que mi hipermetropía/astigmatismo me provocan, vi cómo se dio la vuelta y me miró con esa mueca de odio asquerosa que poblaba su rostro, comenzó a venir hacia mí gritándome groserías y diciéndome una ofensa que tampoco recuerdo. Venía rápido y yo tenía que bajar de donde estaba cuanto antes. Para ese entonces yo nuevamente era una mujer, y comencé a gritar desesperadamente oyendo mi voz totalmente femenina (bah, ni siquiera era mi voz), de un brinco me bajé de los barandales y comencé a correr desenfrenadamente hacia ella. Estaba subiendo las escaleras y yo la intercepté bajándolas, sin dejar de correr hacia ella le asesté un golpe en la cara con fuerza y seguí de largo bajando las escaleras, pero el golpe me había hecho perder el equilibrio y rodé lo que quedaban de escaleras hasta terminar tumbada en el descanso donde había una curva en U para continuar bajando las escaleras. Volví en mí y vi que había estado golpeando a la chica una y otra vez y venían algunas personas a agarrarme y calmarme.

Quise llorar (y no me acuerdo si lo hice o no), temblaba, tenía miedo y estaba muy desesperada. Mientras me jalaban, iba asimilando mi verdad: estaba loca. Lo peor es que además de que no había forma de controlar esas apariciones, aparecía muy seguido, cuando menos me lo esperaba, y no tenía forma alguna de controlarme. Supongo que la histeria que tenía era otro síntoma de mi enfermedad psiquiátrica.

Mientras la gente me calmaba yo seguía viéndola pasearse de un lado a otro, y también veía cómo nadie más notaba su presencia, aunque pasaran al lado de ella; era tanta mi desesperación que deseaba gritar como cuando me abalancé sobre esa mujer, o tal vez lo estaba haciendo y no me daba cuenta.

Por fin entendía a los locos: ver cosas que saben que no son reales ni lógicas, pero no poder evitar verlas tan claras, y TAN REALES, luego comenzar a gritar y golpear, y después despertar y ver lo que han hecho, sabiendo que va a volver a ocurrir y que no se siente nada agradable.

Siendo sostenida y apretada por las personas, y viéndola rugir y mofarse de mí, pude ver un adelanto del que iba a ser mi futuro: encerrada en un cuarto blanco acolchonado; no era necesaria una camisa de fuerzas porque mis movimientos y la fuerza de ellos no era tan peligrosa. Una única puerta de otro color que podía ver desde la esquina donde estaba tumbada, una puerta café con una ventanilla pequeña de cristal para que pudieran verme.

En medio de ese cuarto, cada pocos minutos, la podía ver apareciendo y acercándose a mí para matarme mientras yo pataleaba, agitaba los brazos de un lado a otro queriendo pegarle sin lograrlo nunca, verla siempre sobre mí y yo más perdida entre mis gritos y mis pataleos. Parecía no tener fin. Mis gritos eran tan fuertes que se oirían hasta en la parte de afuera de ese cuarto cerrado, pero nadie me haría caso porque estaba en una institución mental donde mi historia no era diferente a las demás habitaciones, y cualquier grito que diera era de esperarse. Si alguien pasaba y volteaba a mirar por mi ventanilla, vería a una loca de cabello largo con su bata blanca pataleando y retorciendo su cuerpo, pegándole al aire mientras gritaba cosas inentendibles como "Tense".

La única visita que tendría sería un médico o 2 que vendrían a darme unas inyecciones una vez al día y luego se irían oyéndome gritar que no lo hicieran, que me mataran porque ya no quería vivir, escuchando mis berridos de

-¡¡AYUDA!!... ¡¡¡NO ME DEJEN SOLA!!!

mientras pensaban "es una loca". Al tiempo que ello se irían, ya tendría a aquella sombra sobre mí desgarrándome la ropa y la piel y rugiendo como no he oído a nada rugir antes.

Desperté con una mueca en la el rostro y con la cabeza algo contorsionada. Debí estarme retorciendo en la realidad cuando vi mi futuro en el manicomio porque mi gesto era el de alguien alejando la cabeza de una blasfemia. La cara estaba hacia atrás, retrocediendo en una pose de disgusto, la boca muy abierta y los labios bordeaban una expresión de grito y embolia a la vez, y los ojos estaban apretados como cuando alguien grita muy fuerte.

Abrí los ojos y vi alrededor de mi cuarto, estaba oscuro y yo aún tenía el mismo miedo. Recordé aplicar racionalidad y no dejarme vencer, pero nada de eso evitó que temblara y viera cada sombra con el mismo terror. Me levanté a encender la luz y aprecié cómo me temblaba el brazo mientras lo hacía, me paré y fui a encender la luz del comedor pero como no funcionaba fui con prisa a encender la bombilla de la sala, pues no resistía ver tanta oscuridad.

Se encendió y vi el reloj: 5:00 am, el sol aún estaba oculto. Me senté en el mueble y empecé a ver a todos lados. Luego me recosté sobre una almohada que había ahí y me quedé quieto, viendo al reloj, a las ventanas, recordando todavía lo que había soñado y preguntándome por qué había soñado cada cosa, sin concluir nada.

Pasó el tiempo y a las 5:25 ya estaba más calmado y con calidez, así que decidí pararme y venir a escribir acá. Mientras lo hacía el sol iba saliendo, la claridad se hacía más evidente y el miedo que sentía fue desapareciendo.

Actualmente son las 7:41 y considero que me tardé mucho escribiendo esto, ya estoy normal de vuelta pero creo que ahora sí iré al oftalmólogo por unos lentes, porque me está desesperando esta miopía con hipermetropía/astigmatismo en el ojo derecho.

Creo que El Ente se está revolucionando.